Aniversario luctuoso de Akutagawa

Saludos, lectores. Hoy se cumplen 90 años desde que uno de los grandes exponentes de la narrativa japonesa abandonara este mundo. Akutagawa Ryûnosuke es una de las referencias casi obligadas si buscamos conocer la literatura de su país, pero también si deseamos explorar las diversas posibilidades que ofrece el relato corto, su máxima fortaleza.

Dentro del blog, ya van varias ocasiones me he ocupado de Akutagawa porque he encontrado en él a un autor que me sorprende con cada texto nuevo que reviso. A veces me da la impresión de que si hubiera tenido la fortuna de conocerlo, nos habríamos llevado bien (todavía no es alucinación, así que no hace falta pedir ayuda profesional en mi nombre). Por ahora me encuentro desentrañando algunas historias suyas publicadas en inglés, y el ligero sabor amargo del traduttore tradittore me hacen pensar en que debo estudiar japonés seriamente para poder visulmbrar la mínima posibilidad de disfrutar la lectura de uno de mis escritores favoritos en su idioma natal.

Más allá de las barreras entre lenguajes y sus traducciones, la huella de Akutagawa es clara dentro de su obra y, si me atreviera a definirla en una palabra, ésta sería melancolía. Tanto su vida como sus textos parecen destilar una melancolía que el autor no alcanzó a expresar con todas sus letras, dejándola a medias tintas por aquí y por allá. Akutagawa escribe al principio tomando como referentes hechos históricos y relatos de carácter folclórico, adaptando los mitos populares a su propio estilo. Posteriormente, sus relatos se dispersan, como si buscara el tema fundamental al que quisiera dedicarse… y finalmente, en sus últimos años, recurre parcialmente a la detestada práctica de sus contemporáneos: la novela del yo. Y en todas esas etapas la melancolía parece ser lo único inamovible dentro de la mayor parte de sus historias.


Por el momento, comparto una cita del próximo libro de este autor que comentaré en el sitio dentro de un tiempo. La imagen es autoexplicativa respecto al título que he estado revisando en estas fechas.

Yet the better lighting for my perusal of the pages was of no help in distracting me from my melancholy; instead I was only weighed down all the more by the myriad commonplace matters of the world: peace treaty issues, weddings, some sort of bribery scandal, death notices. For a moment after the train entered the tunnel, I had the illusion that we had somehow reversed direction, as my eyes moved almost mechanically from one tiresome article to another. At the same time, I was, despite myself, rather conscious of the girl sitting in front of me, as though she were the personification of coarse reality.

The train in the tunnel, this country girl, this newspaper laden with trivia — if they were not the very symbols of this unfathomable, ignoble, and tedious life of ours, what they were?

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