Sobre ángeles y ahogados

Hace algún tiempo, compartí en este blog el MOOC Leer a Macondo, organizado por la Universidad de los Andes. Tras varios meses de paciente espera, finalmente llegó la segunda parte de este curso (que puede tomarse sin haber cursado el primero), Gabriel García Márquez entre el poder, la historia y el amorEn él, se estudiarán La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela deslamada (1972), El Otoño del patriarca (1975), Crónica de una muerte anunciada (1981), El amor en los tiempos del cólera (1985), El general en su laberinto (1989) y Del amor y otros demonios (1994). El curso está dirigido a público en general, por lo que estoy segura que será de interés para muchos. ¡Todavía estás a tiempo para inscribirte!

Como parte de mi seguimiento del curso, me decidí a compartir las entregas semanales que se irán solicitando en el MOOC. En esta semana, se pidió que compararamos brevemente dos cuentos de La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela deslamada. Elegí Un señor muy viejo con unas alas enormes El ahogado más hermoso del mundo. Espero no haber escrito muchas incoherencias.


Éste módulo me ha servido para reforzar paralelismos y diferencias entre obras de un mismo autor, pero también para contrastar a García Márquez con diferentes escritores. Considero de gran valor la correlación con el Siglo de Oro español, demostrando no la vigencia de sus temas para el imaginario de nuestros tiempos.

Para esta actividad, utilicé los cuentos de “Un señor muy viejo con unas alas enormes” y “El ahogado más hermoso del mundo”. Entre los elementos recurrentes de ambos cuentos está la inequívoca referencia al mar como punto de partida: en el primer cuento, el mar se nos presenta con los cangrejos que se avientan ahí porque invaden la casa de Pelayo. En El ahogado, “los primeros niños vieron el promontorio obscuro y sigiloso que se acercaba por el mar”. Esta referencia al mar, como ya hemos visto en el material del curso, establece en buena medida la razón de ser del cuento y también proporciona un contexto específico para la comunidad y sus actitudes.

Otro elemento común es el tema: la llegada de un extraño a la comunidad y cómo puede (o no) afectarla. El sujeto extraño en el contexto es tratado de forma similar en ambos casos: se le resta el carácter grandioso al viejo desde el principio, al referir su condición de “abuelo ensopado”. Como consecuencia de esta percepción, cae el arquetipo del ángel (que tiende a la solemnidad) y la comunidad lo ve como mero fenómeno de circo, lo que resultaría inesperado para semejante aparición. En contraste, el ahogado es un ser que por mero concepto resultaría repulsivo, pero desde el principio se establece como alguien especial, con el que los niños juegan desde el principio. Así, en los dos cuentos se tienen personajes inusuales con los que la comunidad interactúa de una manera contraria a lo que podría esperarse.

Una diferencia en cuanto a esta interacción de la comunidad con lo inverosímil es la actitud de la gente. En el cuento de Un señor muy viejo…  vemos que la comunidad no lo acepta más que como recurso de entretenimiento y de cuestionamiento religioso en el caso del sacerdote. La barrera entre el ángel y los demás está clara y definida desde el principio: vive en el gallinero, le avientan piedras, lo persiguen a escobazos, etcétera. En el caso de El ahogado…, se le identifica como un “muerto ajeno”, aunque no se le haya visto el rostro. No obstante, las personas de la comunidad, deslumbradas por las cualidades que el fango no dejaba ver, hacen el esfuerzo por apropiarse de él e integrarlo a la comunidad, llegando al punto de otorgarle familia para que no caiga “huérfano” de vuelta al mar.

Esto nos conduce a otra diferencia: el cambio que el elemento extraño genera en la comunidad. En Un señor muy viejo…, el cambio se limita a las condiciones económicas de la familia de Pelayo, pues “construyó una mansión de dos plantas […] y puso un criadero de conejos”. Más allá de eso, no hay demostración de una transformación en la forma de vida o en las actitudes de los miembros de la comunidad. En contraste, El ahogado, sin participar activamente con ningún personaje, genera un vuelco en la vida de la gente, pues una vez que lo han lanzado tras sus funerales, “sabían que todo iba a ser diferente desde entonces, que sus casas iban a tener las puertas más anchas, los techos más altos, los pisos más firmes, para que el recuerdo de Esteban pudiera andar por todas partes sin tropezar”.

Por tanto, podríamos pensar que García Márquez nos presenta mediante estos dos cuentos cómo es que una comunidad puede reaccionar ante una situación inesperada. Por una parte, pueden recibir algo digno de bendiciones, como un ángel, y ni dejar pasar la oportunidad de un cambio por mera ignorancia. Por otra parte, puede haber imprevistos que a primera vista parecen funestos, como un ahogado, pero que encierran por dentro la belleza y voluntad necesarias para ejercer transformaciones constantes en la vida de una sociedad.

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