Especial para elecciones – Instrucciones para vivir en México

Este primer lunes de junio tiene un sabor bastante amargo para miles de mexicanos: hubo elecciones el pasado fin de semana en las que se demuestra que el dinosaurio sigue ahí. Desdentado, empolvado (con todo y propaganda otaku) y bien equipado con sus buenas costumbres electorales. Por eso, me parece pertinente que recordemos a Ibargüengoitia con este librito que no está propuesto como manual, pero que sí ayuda a ver luces en el caleidoscópico sitio que llamamos México.

Ibargüengoitia presenta en este libro una serie de artículos que escribió entre los años 60 y 70 y que están compilados bajo seis ejes rectores: Lecciones de historia patria, donde vemos los formalismos, exigencias y homenajes en torno a los personajes históricos; Teoría y práctica de la mexicanidad, donde nos enfrentamos a aspectos relacionados a la vida cotidiana en la ciudad: pobreza, hospitalidad, la conversación, hábitos e ingenio cotidiano… El viaje continúa con la sección de La familia revolucionaria, en la que podremos hallar un atisbo a las costumbres políticas y electorales heredadas del partido de cuyo nombre no quisiera acordarme. Con siete copias es el recinto dedicado a las prácticas burocráticas en el sector público, que siempre han de recordarse con mucho cariño por su eficiencia y dedicación. La lucha por aprender es un título autoexplicativo para esta sección, que da lugar a Las madres y otras mujeres, donde cerramos con artículos que reflejan el rol de la madre dentro del pensamiento colectivo mexicano y sus implicaciones en el funcionamiento de nuestra sociedad.

Naturalmente, mucho de lo que se encuentra en estos artículos corresponde a un pasado que ya se fue… pero sigue siendo un magnífico referente para conocer y reflexionar sobre el trasfondo que da lugar a muchas de las realidades que siguen presentes en el ombligo de la luna. 

Para quitarnos un poquito el escozor de la temporada postelectoral, recomiendo mucho leer El dilema de un votante (1970), parte de esta compilación:


El dilema de un votante

Todavía estoy indeciso con respecto a la actitud que debo tomar el próximo domingo. Aunque la parte superior de la boleta la tengo resuelta —a diferencia de lo que han hecho ya varios, no voy a decir por qué candidato presidencial voy a votar— a partir del espacio para senador todo está en veremos.

En un intento de resolver este dilema, me detuve el otro día en la esquina de mi casa a observar las fotografías de los candidatos para senadores y diputados de los diferentes partidos. Hay que admitir que la campaña política que está llegando a su fin ha sido, en lo que respecta a los cargos menores, bastante notable. En un distrito, por ejemplo, hay un candidato que pretende imponerse sobre sus contrincantes “porque usted ya lo conoce”. En mi caso esto no se cumple. No lo conozco. Lo he visto, sí, debo admitirlo. Pero sólo fue en un momento fugaz, antes de apagar el televisor.

Muy diferente es el caso de una candidata para diputada suplente. A esa no sólo la conozco. En una época muy lejana —que está perdiéndose, si no en la noche, cuando menos en el atardecer de los tiempos—, esa mujer, hoy candidata a diputada suplente, fue el gran amor de mi vida. Creo que es lo más cerca que he llegado del Congreso de la Unión.

Otro candidato notable es un independiente. Cuevas. Creo que si correspondiera a mi distrito, votaría por él. De esta manera mataría varios pájaros de un tiro. En primer lugar les daría un golpe, no decisivo, pero golpe al fin, a los partidos organizados: en segundo, les daría una lección de civismo a los que cuentan las boletas, demostrándoles que no todos nos dejamos arrastrar por la masa, y en tercero, contribuiría a darle un golpe, esta vez decisivo, a Cuevas. Porque ya lo quisiera yo ver, elegido por la voluntad popular, sentado en su curul, oyendo discursos interminables.

Creo que para comprender la magnitud de este predicamento convendría aquí hacer una reconstrucción imaginaria de lo que han de ser algunas horas de la vida del diputado. Sin alusión a lo que recibe por concepto de dietas.

Antes de emprender esta reconstrucción conviene advertir que nunca he puesto un pie en las Cámaras, que no veo razón para ponerlo, que lo que voy a relatar es un ejemplo inventado y que si los personajes o los sucesos que voy a describir tienen alguna relación o semejanza con los de la vida real, es pura coincidencia.

Trasladémonos en mente al interior de la Cámara de Diputados. Tratemos de imaginar el foro semicircular, los sillones de cuero, los pupitres, los ceniceros, los taquígrafos parlamentarios listos para atrapar hasta la más insignificante palabra que se diga. En lo alto y en gran majestad, el lugar del presidente de debates y a su lado, en un lugar menos prominente, el del orador.

Los asuntos incluidos en el orden del día no son de gran interés. Pocos son los diputados que asisten a la sesión. Gran parte de las curules está vacía. En la galería no hay más que una delegación de indígenas mecatones que viene a oír una de las ponencias. A oírla, no a entenderla, porque no hablan español.

La sesión da principio. Se pasa lista y, a continuación, la diputada, profesora y también licenciada Rodolfa Sánchez de Pérez Ambrosio sube al lugar del orador con una resma de hojas escritas y, después de aclararse la garganta y de hacer algunos ajustes en el sistema de sonido, empieza su exposición.

Trata del problema de Bajatlán de los Tejocotes. Es de tal magnitud, arguye la diputada en su proemio, que amenaza con la extinción a la tribu mecatona (aplausos de la galería). Consiste en lo siguiente: esta región es la principal productora de cera de palmito que hay en todo el mundo; no sólo la principal, sino la única. En la elaboración de este producto entran árboles de cualquier índole. La tasa de rendimiento de la cera de palmito es del orden, dice la diputada, de 45 mil por uno. Es decir, 45 toneladas de madera producen un kilo de cera.

Pero el verdadero problema no está en lo bajo del rendimiento, sino en que no se ha encontrado todavía una aplicación para la cera de palmito. Antiguamente se usaba para ponerse en las sienes en forma de chiquiadores, pero los nuevos productos logrados gracias al adelanto tecnológico la han desplazado en este uso. Aquí entra un paréntesis socioeconómico-patriótico que la diputada expone con gran emotividad. Los habitantes de la región no saben hacer otra cosa, está a punto de perderse una de las técnicas más antiguas y más originales que hemos heredado de nuestros antepasados, la indiferencia en este caso sería genocidio, etcétera.

De allí salta a la solución: que se funde el Instituto de la Cera de Palmito, que tendrá por función no sólo mejorar las técnicas de producción, sino encontrarle una aplicación al producto, “que podría llegar a constituir un renglón importante de nuestro comercio exterior”. Aquí termina el discurso.

Yo les pido a mis lectores que reflexionen sobre esto y piensen un momento antes de elegir su candidato.


Jorge Ibargüengoitia
Instrucciones para vivir en México
México: Booket
En mi propaganda electoral decía que puedes encontrar este libro por acá.

Anuncios

Tus comentarios evitan que un poodle termine en la calle...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s