La escuela es una guardería y otras lindezas

En esta semana, México fue escenario mediático de dos fenómenos que podrían considerarse opuestos. Por un lado, un estudiante de preparatoria es declarado como uno de los Líderes del mañana, luego de desarrollar un acelerador de partículas en su propia casa. En otro punto del país, una estudiante de preparatoria anuncia públicamente (porque estábamos con el pendiente de su quehacer cotidiano) que abandonará la escuela, definida como la guardería que perpetúa los vicios de esa entidad abstracta contra la que todo adolescente se enfrenta alguna vez : el sistema. 

Las voces en Internet se han manifestado hasta el hartazgo en elogios y críticas despiadadas hacia la chica por el cariz de su decisión. Por el privilegio desdeñado, por su argumentación insuficiente (pues todos somos filósofos a los 16 años), por lo que hace en su tiempo libre, por la escuela de la que huyó, etcétera. 

Me llama la atención que las opiniones se centren en la naturaleza de la chica (¿ad hominem, quizás?) y no en uno de los puntos medulares de su diatriba: la escuela como una guardería que bloquea el cumplimiento de los sueños. Probablemente, muchos damos por sentado que la escuela es útil – o no lo es- en función de los beneficios económicos que se obtengan de ella. Y ese es justamente el error crucial que se comete al juzgar la pertinencia de la escuela. Quien vaya a la escuela con la única expectativa de mejores posibilidades económicas al egresar, habrá perdido mucho de lo que puede obtenerse en ella. 

Porque la escuela es un entorno para obtener herramientas que nos permitan construirnos a nosotros mismos, y descubrir otros caminos para cumplir nuestras metas. La escuela es el escenario que permite ensayo y error, preguntar y responder, aprender y enseñar también a los que están junto a nosotros. Incluso en las instituciones con mayor rigidez, hay posibilidades de transformación personal: valoramos más los espacios donde la creatividad no tenga límites. Habrá quienes alcancen logros de carácter científico, como el estudiante que comentamos al principio. Otros podrán seguir metas de carácter político, o social, o personal… Pero nadie sale de la escuela con las manos vacías. En el caso más austero, quedarán los recuerdos de lo que suele recordarse por muchos como la mejor etapa de la existencia. 

Me entristece, entonces, que esas posibilidades para la escuela queden relegadas a un segundo término. Me lamento, además, de que la chica en cuestión no haya podido descubrir estas posibilidades, porque comprueba que ni sus padres, ni sus amigos, ni sus maestros, tienen claro el valor de la escuela como para poder compartirlo. 

Esa es, a mi parecer, la verdadera tragedia. 

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Un comentario

  1. En España es obligatorio hasta los 16 años. Es muy importante formarse, ya no solo para ganar dinero, sino para sentirse realizado por dentro a través de lo aprendido, la vida enseña unas cosas y la escuela otras, ambas se complementan para que se forme el interior de la persona y trasmitir todo eso que se aprende es un privilegio. Besos a tu alma.

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