Natsume Sōseki. – Soy un gato

Yo me conformo con vivir el día a día. Cuantos menos sobresaltos, mejor. Pero les juro que los humanos no se saldrán con la suya eternamente. Tenemos que ser pacientes. Llegará un día, y espero que no tarde mucho, en que los gatos dominaremos el mundo.


Se dice que el gato es el animal doméstico que no lo es tanto. Lleno de curiosidad y de arrogancia, recorre el mundo a sabiendas de que en casa el dueño le estará esperando con devoción para llenarlo de los mimos que el felino siente bien merecidos. Yo, siendo una persona que ha convivido con perros la mayor parte de su vida, no comparto el gusto por los gatos, pero sí que comprendo la fascinación detrás de ellos.

 

Natsume Sōseki no pudo haber elegido a un mejor animal para esta obra, que originalmente fue publicada por entregas en una revista literaria (Hototogisu) entre 1904 y 1905.  Originalmente, Sōseki tenía contemplado únicamente el primer capítulo, pero los lectores quedaron tan complacidos que los editores le encargaron más… y eventualmente fue material suficiente para conformar la primera novela del autor.

Soy un gato aborda  – sorpresa, sorpresa – la vida y elucubraciones de un gato doméstico en la casa de un profesor venido a menos. A través de los ojos y las actividades del felino, el autor genera con maestría una divertidísima sátira sobre la sociedad, haciendo que el lector se pregunte en más de una vez si realmente la humanidad merecería el título de superioridad del que tanto se vanagloria.

Yo voy donde quiero y escucho lo que me parece oportuno escuchar. Luego saco la lengua y refresco mi cola y vuelvo tranquilamente con mis bigotes orgullosamente erguidos. En este asunto concreto, en lo que se refiere a la sagacidad, no creo que haya en todo Japón ningún gato tan dotado como yo.

he_is_a_cat___nyatsume_soseki_by_the_little_doodlebox-d4uthy3Aunque Sōseki se centra en los valores, roles y conflictos dentro de la burguesía japonesa en la era Meiji, en más de una ocasión el lector contemporáneo se encontrará con reflejos de los fenómenos que no están sujetos a una época determinada. Por otra parte, la descarnada observación de los fenómenos humanos parte – pues no podría ser de otro modo – de las acciones comunes del gato que, pese a no sentirse cómodo con los de su especie, no deja de ser un felino.

En primer lugar, soy de la opinión de que el cielo se hizo para dar cobijo al acto creativo en sí, y la tierra para que las cosas creadas que permanecieran en ella tuvieran un sustento con qué sobrevivir. […] Después, deberíamos preguntarnos cómo o con qué esfuerzo han contribuido los humanos a esa creación. La respuesta es clara: con nada. ¿Qué derecho asiste, entonces, a los humanos para apropiarse de las cosas que ellos mismos no han creado y que no les pertenecen? Por supuesto, la no existencia de ese derecho no impide que esas criaturas se apropien de lo que les venga en gana. Pero entonces, seguramente, no hallarán ninguna justificación para impedir a los demás entrar y salir inocentemente de eso que llaman propiedad.

En la literatura, la traducción es un medio para catapultar una obra local al mundo, o enterrarla lejos de los lectores debido a que no se consiguió capturar la esencia de la obra. Pese a que no existe una traducción perfecta de ninguna obra, el trabajo realizado por Yoko Ogihara y Fernando Cordobés mantiene el tono formal e irónico del gato, al tiempo que las anotaciones auxiliares familiarizan al lector con nombres propios y sustantivos que carecen de una traducción al español. Es importante considerar esto cuando – por ejemplo – en una traducción al inglés de este libro se tuvo la ocurrencia de cambiar hasta los nombres de los personajes para que el contenido fuera más “simpático”. Cuestión de prioridades…

Hoy, que es el centenario luctuoso de Natusme Sōseki, no podríamos encontrarnos con mejor libro para iniciarnos en su lectura. El gato, seguramente, estaría más que complacido.


sosekiprNatsume Sōseki, seudónimo literario de Natsume Kinnosuke, nació en 1867 cerca de Edo (la actual Tokio). Descendiente de una familia de samuráis venida a menos, fue el menor de seis hermanos. Cuando tenía dos años, sus padres lo entregaron en adopción a uno de sus sirvientes y a su mujer, con quienes viviría hasta los nueve años. En 1884, instado por su familia, se matricula en la Universidad Imperial de Tokio para estudiar Arquitectura, aunque acaba estudiando Lengua Inglesa. En 1886 traba amistad con el poeta Masaoka Shiki, que le inicia en el arte de la composición de haikus. Será entonces cuando adopte el nom de plume de Sōseki (“terco” en chino).

Tras graduarse en 1893, Sōseki empieza a trabajar como profesor en la Escuela Normal de Tokio, pero pronto, en 1895, es destinado a la lejana Escuela Secundaria de Matsuyama, en la isla de Shikoku. Parte de sus experiencias en esta escuela rural serán recogidas en su novela Botchan, que publicaría en 1906. Apenas un año después de haber llegado a Matsuyama, dimite de su puesto y comienza a enseñar en un instituto de la ciudad de Kumamoto, en donde conocerá a su mujer.

En 1900 se le concede una beca del gobierno japonés y se le envía a Inglaterra. En este país pasará los años más tristes de su vida, leyendo libros sin parar, demabulando por las calles y pasando miserias sin cuento. Parte de sus sombrías reflexiones sobre la vida inglesa serán publicadas en el diario japonés Asahi. Regresa a Japón en 1902, con un contrato de cuatro años para enseñar en la Universidad Imperial de Tokio, donde sucedería al escritor grecoirlandés Lafcadio Hearn como profesor de Literatura Inglesa.

La carrera literaria de Sōseki se abre propiamente en 1903, cuando comienza a publicar haikus y pequeñas piezas literarias en revistas como Hototogisu. Pero la fama le llegará con la publicación en 1905 de Soy un gato. Ese mismo año publica Rondon to, y en 1906 aparecerá Botchan, que le catapulta al éxito y que se convierte automáticamente en un best-seller y en una de las novelas más leídas por los japoneses durante décadas. Sōseki escribió catorce novelas a lo largo de su vida, culminando en Kokoro, su obra maestra. Sanshiro (1908) está considerada la novela puente entre sus dos obras capitales.

Natusme Sōseki murió en Tokio en 1916 a los 49 años de edad, a causa de una úlcera de estómago. En 1984, y en homenaje a su fama y trascendencia, el gobierno japonés decidió poner su efigie en los billetes de mil yenes. soseki


Natsume Sōseki
Soy un gato (20a edición)
Madrid: Impedimenta
646 pp.

Puedes leer el primer capítulo en este enlace.

Si quieres ver el texto original en japonés, puedes consultarlo acá.

Dicen las leyendas, pero no me consta, que el ebook completo puede obtenerse por aquí. Yo no sé nada.

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4 comentarios

  1. Libro que tenía en carpeta hace mucho. Luego de leer tu presentación y comentario, lo buscaré para leerlo. Ahora el punto será encontrarlo, pues solo he visto algunos pocos. Pero muchas gracias por dejarme con las ganas de darle una mirada. Un abrazo.

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Tus comentarios evitan que un poodle termine en la calle...

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