Michael Ende – Momo

Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa es el tiempo.

Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todos sabemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante; depende de lo que hagamos en esa hora.

Porque el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón.


Hoy, la luna se encuentra tan cerca de la Tierra como no lo hará en unas cuantas décadas. Como es costumbre del mar de niebla en el que vivo a ratos, el cielo es inexpugnable en las noches de fenómenos astronómicos, por lo que pensé en dedicar el libro semanal a una de mis referencias obligadas luego de pasar horas mirando al techo y preguntarme qué estoy haciendo con mi vida.

Este libro es uno de esos que llegó a mis manos mucho después de la infancia, por lo que al principio lo recibí con cierto recelo. Para ese tiempo ya había conocido otras obras de su autor y dudaba que la premisa de una niña que enfrenta a los temibles hombres grises pudiera capturar mi atención. Afortunadamente, mi política personal de dar una oportunidad a los libros que ya tengo a mi alcance me salvó de cometer el error de descartar el ejemplar.

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Project Momo – Ullbors

Momo es, ciertamente, un libro pensado para niños. La estructura se compone de capítulos breves con nombres llamativos, los personajes tienen nombres sencillos y fáciles de recordar, la narración avanza sin complicaciones y se usa un vocabulario sencillo. No obstante, creo que en muchos casos solemos confundir forma con fondo, por lo que este libro podría perder a la audiencia que valore una obra literaria por la complejidad con la que ésta se presenta, o a los que midan su éxito como lectores de acuerdo al número de páginas.

En este libro, Ende es muy directo respecto al tiempo y a la paradoja de ahorrarlo, utilizando el punto de vista de los niños para demostrar el absurdo que a veces se apodera de nuestras vidas, pues ahorrar tiempo no es una labor sencilla y requiere de toda la dedicación posible. Dentro de la trama, los hombres grises son los encargados de convencer a la población para ahorrar con el objetivo de recibir tiempo aumentado con intereses al final. Los argumentos utilizados por los fúnebres personajes van desde las demostraciones matemáticas hasta los consejos prácticos que aparentan la mejor de las intenciones…

– Querido amigo, usted sabrá cómo se ahorra tiempo. Se trata, simplemente, de trabajar más deprisa y dejar de lado todo lo inútil. En lugar de media hra, dedique un cuarto de hora a cada cliente. Evite las charlas innecesarias. La hora que pasa con su madre la reduce a media. Lo mejor sería que la dejara en un buen asilo, pero barato, donde cuidaran de ella, y con eso ya habrá ahorrado una hora. […] Deje el cuarto de hora diario de reflexión, no pierda su tiempo precioso en cantar, leer, o con sus supuestos amigos…

 

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Stundenblume – Artokora

El tentador reto de ahorrar tiempo se apodera de todos los personajes que antes habían sido aliados de Momo. La ciudad abandona su atmósfera tranquila y apacible para convertirse en una urbanización gris y agitada en la que detenerse por un momento implica arruinar los rígidos horarios de todos los demás. Los niños han sido recluidos en espacios donde aprenderán cosas útiles, de forma tal que no estorbarán a los padres. Los mensajes en torno a ser productivos para ahorrar tiempo y obtener ganancias se han esparcido a todas partes. Pareciera que no hay escapatoria de un círculo vicioso que lo ha devorado todo… menos a Momo, una tortuga, y el sitio de donde proviene el tiempo.

 

En este punto del libro me preguntaba qué haría el autor para llevar un concepto tan abstracto como el tiempo a términos llanos, comprensibles y utilizables en su historia (recordando que va dirigida a público infantil). La solución que dio fue representar metafóricamente al tiempo de una forma que absorbe muy bien la función que se le atribuye en la historia: el tiempo no pasa mientras vivimos, sino es lo que vivimos. A su vez, esto da lugar a muchas teorías y reflexiones sobre uno de los personajes, encargado de distribuir el tiempo de los hombres. Pero con la finalidad de no arruinar el viaje de leer, ahorraremos esa discusión porque es otra historia y merece ser contada en otra ocasión.

Acostumbremos o no a elegir libros por edad sugerida, recomiendo mucho a Momo porque las connotaciones que ofrece escapan, justamente, a los límites que nos imponemos bajo el pretexto del tiempo.


Michael Ende
Momo (2007 – 37°ed)
Madrid: Alfaguara
255 pp.

 

 

 

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