El cliché de la chica que lee

Hace unos días me encontré con el recordatorio de algo que podríamos llamar el cliché de la chica lectora. No me refiero a la gente única y especial, que parece ser una de las últimas modas de Internet para descalificar el modus vivendi de los demás, sino al conjunto de generalizaciones en torno a una chica que lee y que, para bien o para mal, altera los escenarios en los que la persona en cuestión puede relacionarse.

En mi vasta experiencia con tales prejuicios, he visto que se asume que la chica que lee es una persona tímida, escondida siempre detrás de las páginas. Aunque en su cabeza existan ventanas hacia nuevas realidades, en ésta no queda sino en segundo plano porque la protagonista es la chica linda (lo cual es un cliché más extendido todavía). También he escuchado cómo una chica lectora es demasiado lista para su propio bien, aunque ese punto nunca me ha quedado claro. Como la chica lectora se encuentra feliz con sus libros, se forma a su alrededor el prejuicio terrible de que es incapaz de disfrutar de cualquier otra posibilidad presentada por la vida… o de que no encontrará el amor como podría esperarlo cualquier otra persona.

Quizás se asuma que una chica que lee tiene algún complejo de superioridad frente al resto de la humanidad, y que por haber leído un número finito de libros ya siente que el mundo está en la palma de su mano. Reconozco que la soberbia es alcanzable a cualquier persona, pero no comprendo las razones que motiven a pensar que es una situación más común en la gente que lee. Al respecto recuerdo muchas imágenes y comentarios en redes del tipo “soy lectora, un defecto de fábrica”, en lo que consiste una descalificación implícita del resto del género femenino. Resulta curioso ver cómo podemos caer en el juego de creer que los rasgos de una personalidad son categorías excluyentes: si eres guapa, no eres lectora, y viceversa.

Pero la persona que trajo a mi mente esta divagación nocturna seguramente sabe todo lo que estoy escribiendo ahora. Sabe que su identidad no se construye a partir de un único punto en la trama, y que si la gente a su alrededor es incapaz de percibir una verdad tan simple como esa, no es su problema. Nadie está exento de relacionarse con personas cuya ceguera e inmadurez les impidan ver la complejidad del mosaico que tienen enfrente, pero siempre habrá alguien que pueda percibir – y valorar – una obra maestra cuando la encuentra.


En una de estas noches, se me hizo un nudo en la garganta al presenciar lágrimas derramadas por culpa parcial de una batalla contra el mundo de las generalizaciones. Si no hubiera tardado tanto en controlar mi desolación interior, por lo menos habría dicho, muy bajito y escueto para evitar cualquier quiebre de mi voz:

Eres una persona completa, no un cliché.

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