Fernando Savater y Sara Torres – Aquí viven leones

Nadie pone en duda que el paisaje urbano o natural donde ha vivido un escritor marca necesariamente su obra, aunque a menudo no sea explícito. Pero igual de indudable es que para quien ha leído al autor, también el paisaje donde transcurrió su vida y creó su obra está sellado por esa sombra tutelar.

Con esa premisa, los autores nos dirigen hacia un viaje por las guaridas de grandes figuras de la literatura universal, haciendo un recorrido por la vida, obra y entorno en el que se generaron sus obras maestras. A través de las páginas no solamente conocemos el entorno doméstico en el que se desenvolvieron los autores, sino que además nos encontramos con excelentes pautas de promoción turística. ¿Qué lector entusiasta no saltaría ante la posibilidad de hacer recorridos literarios por el mundo? Es muy probable que tras leer este libro, las ganas de viajar del lector se incrementen sobremanera.

Cada capítulo contiene, además, un magnífico trabajo de ilustración donde se condensa una obra del escritor en turno. De esta manera, el lector novato puede motivarse a buscar el trabajo de algún escritor que se le haya escapado todavía. Los capítulos que he encontrado de mayor interés son los de Edgar Allan Poe, Agatha Christie y Alfonso Reyes, pero el resto son igualmente disfrutables. Resultan un paseo cómodo, con un aire familiar. Savater refiere que se trata de un “libro culto pero sin academicismos […] que intentase contagiar a los lectores nuestro fervor por los autores y también mostrase otros puntos de interés en los viajes”.

Si ese era el objetivo, estoy segura de que ha sido cumplido. Me resultó muy difícil abandonar las páginas una vez que comencé la lectura y me he llenado de notas, apuntes y referencias a buscar para complementar la información recabada en este trabajo.

Éste es el libro con el que el escritor español se despide de las publicaciones, debido al fallecimiento de su esposa en 2015, antes de finalizar el libro. Durante la presentación del libro afirmó que escribía para que ella lo leyera y ahora que se ha ido, va a dedicarse a leer. Al respecto, podemos encontrar que:

Murió pocos meses después, sufriendo mucho, sin dejar empero de alentar nuestro trabajo y revisar los textos que yo iba escribiendo. En este libro figura por primera vez su nombre junto al mío como autora, y así debería haber sido en tantos otros de los que he firmado en solitario, porque sin sus ideas, sin su vigilancia crítica, sin su imperioso estímulo no habrían sido escritos. Nunca quiso figurar como coautora, aunque vigilaba con celo que siempre hubiese una palabra de dedicatoria para ella. Ahora, por fn, en la portada de este aparecemos juntos, como vivimos, trabajamos, luchamos, reímos y lloramos juntos tanto tiempo. […] Según algunas doctrinas orientales, que llegaron hasta los griegos, nuestras almas transmigran después de la muerte a nuevos cuerpos. Espero ese momento increíble, si me toca. Entonces, en esa otra vida, buscaré a Sara y seguro que la encontraré, porque ella también me estará buscando a mí. Nos reconoceremos a través de las máscaras de esos rostros distintos, porque lo que nos une ha sido siempre más fuerte que las apariencias. De nuevo juntos, continuaremos recorriendo lugares con genio para seguir contando la vida de los grandes escritores. Y la nuestra.

 

 

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