Jorge Luis Borges – Siete noches

A finales de julio y principios de agosto de 1977, Jorge Luis Borges impartió una serie de conferencias – la más larga que haya realizado – en el Teatro Coliseo de la ciudad de Buenos Aires. El registro de tales conferencias se guardó en cintas magnetofónias que resultaron bastante deficientes y su contenido se utilizó para publicaciones menores en un diario. Dos años después de las conferencias, Roy Bartholomew convenció a Borges de editar sus conferencias para publicarlas bajo el Fondo de Cultura Económica. Así nació Siete noches.

Bartholomew refiere en el epílogo del libro:

Los de este libro son algunos de los grandes temas que han apasionado a Borges; el buen lector recordará ensayos, cuentos y poemas que han enriquecido a nuestros días y que testimonian ese ahínco a lo largo de casi sesenta años. Desde niño, Borges supo que su destino estaba en la literatura, primero como lector, después como escritor. Supo que lo aguardaban en el tiempo y el espacio la refutación del tiempo y el espacio, y, por modo parejo, los espejos y los laberintos, las bibliotecas y los sueños, la noche y la vereda de enfrente, el aljibe y el astrolabio, la teología y los signos lacónicos del álgebra, la sombra y los confines trémulos, el azar, los mitos, los arrabales, la muerte y “la otra sombra”, los cuchilleros y el sabor del café, las guitarras, el tango y la metafísica, el Oriente y el Occidente, lo nórdico y el Sur, De Quincey y Macedonio Fernández, Hilario Ascasubi y Omar Jaiam, los sonetos de Quevedo y la prosa de Alfonso Reyes, “la frescura del agua en la garganta”, los arquetipos, la cifra, Dios —el inescrutable e inefable rostro de Dios—, la palabra, la batalla, la modestia y la eternidad, el “mundo de polvo y de jazmines” y “esa suerte / de cuarta dimensión, que es la memoria”. También, la Comedia, la pesadilla, Las mil y una noches, el budismo, la poesía, la cabala y la ceguera. A la ceguera la aguardó desde niño: varios de sus antepasados murieron ciegos; su padre, un agudo y cortés profesor de psicología, agnóstico de insólita cultura que le enseñó mitos y problemas metafísicos narrándoselos a manera de sencillos “ejemplos” y que lo llevó a Ginebra cuando tenía quince años porque quiso hacer de él un ciudadano del mundo, murió “sonriente y ciego”. Terminada la tarea y puesto el título, Borges me dijo: “No está mal; me parece que sobre temas que tanto me han obsesionado, este libro es mi testamento”.

Hoy, me gustaría invitar a revisar esas siete noches. El libro digitalizado está disponible en este sitio. El audio de las conferencias está a continuación.

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