Federico García Lorca – La casa de Bernarda Alba

Una hija que desobedece deja de ser hija para convertirse en una enemiga.


Hoy es natalicio de Federico García Lorca (1898-1936), uno de los grandes referentes de la literatura española. Hoy, en Un libro por luna hemos decidido recordarlo con su última obra de teatro, que sería estrenada 1945, nueve años después de la muerte de su autor. La casa de Bernarda Alba, que junto con Bodas de sangre Yerma es considerada un excelente reflejo de la vida rural en España y las vicisitudes a las que las mujeres se enfrentaban constantemente.

La obra parte con la muerte del segundo esposo de Bernarda Alba, una mujer de posición relativamente acomodada en el pueblo. Ahora que se ha quedado sola con sus cinco hijas, decide imponer un luto riguroso de ocho años para evitar las habladurías de sus vecinos. No obstante, las hijas – que van de los 20 a los 40 años – reciben la disposición materna de forma variopinta. La adición de un buen partido que quiere comprometerse con la mayor de ellas no hará sino complicar la situación dentro de la casa.

Lorca desarrolla varios temas a partir de esta premisa. Uno de ellos que me ha resultado de particular interés es la relación entre la madre y las hijas, así como las posibles connotaciones sobre la maternidad misma. Bernarda Alba es una madre tiránica, controladora e impositiva, que no duda en golpear a sus hijas con su bastón o en encerrar a su propia madre para que los vecinos no vean que la anciana ha perdido el juicio (o es el ser más cuerdo de toda la casa, según como lo queramos ver). Antepone sus necesidades y prioridades a todos los que la rodean. Sus hijas no poseen enteramente esos rasgos, pero una de ellas – Martirio – parece advertir que su destino bien podría verse a través de su madre.

Amelia: Pero Adelaida no tiene culpa de esto.

Martirio: No, pero las cosas se repiten. Y veo que todo es una terrible repetición. Y ella tiene el mismo sino de su madre y de su abuela, mujeres las dos del que la engendró.

Todos los personajes en escena dentro de la casa son mujeres. La presencia del hombre, ahora que el padre ha muerto, se vuelve algo intolerable en el lugar. Los hombres sólo están de oídas, son motivo de cotilleo o están fuera de la casa, en un sitio inaccesible a nosotros, el público. Esta me ha parecido una puntada magnífica para reforzar la idea de aislamiento de las hijas y para presentar a los hombres bajo la lupa de Bernarda Alba y la educación que ha dado a su progenie. Comprendemos lo que piensan nuestros personajes de los hombres, pero ¿hasta qué punto sus ideas son producto del aislamiento y no de la convivencia?

Martirio: Es preferible no ver a un hombre nunca. Desde niña les tuve miedo. Los veía en el corral uncir los bueyes y levantar los costales de trigo entre voces y zapatazos, y siempre tuve miedo de crecer por temor de encontrarme de pronto abrazada por ellos. Dios me ha hecho débil y fea y los ha apartado definitivamente de mí.

Amelia: ¡Eso no digas! Enrique Humanes estuvo detrás de ti y le gustabas.

Martirio: ¡Invenciones de la gente! Una vez estuve en camisa detrás de la ventana hasta que fue de día, porque me avisó con la hija de su gañán que iba a venir, y no vino. Fue todo cosa de lenguas. Luego se casó con otra que tenía más que yo.

Amelia: ¡Y fea como un demonio!

Martirio: ¡Qué les importa a ellos la fealdad! A ellos les importa la tierra, las yuntas y una perra sumisa que les dé de comer.

 

Un tema que atraviesa toda la obra es el de mantener las apariencias. La obra comienza y termina con sus personajes girando en torno a esta preocupación fundamental y es una de las grandes motivaciones en buena parte de los personajes. La única que se libera plenamente de este rigor y buena conducta para evitar ser comidilla del vecindario es Adela, la hija menor. Es la única que viste de verde cuando todas están de luto. Es quien espera la oportunidad propicia para alejarse de las ataduras maternas y que está dispuesta a asumir un rol socialmente cuestionable con tal de alcanzar su felicidad. No obstante, el destino final del personaje parece indicarnos lo que sucede en el mundo de Bernarda Alba cuando se desafían las convenciones sociales y las imposiciones del sistema.

Martirio: ¿Qué piensas, Adela?

Adela: Pienso que este luto me ha cogido en la peor época de mi vida para pasarlo.

Magdalena: Ya te acostumbrarás.

Adela: (Rompiendo a llorar con ira) ¡No , no me acostumbraré! Yo no quiero estar
encerrada. No quiero que se me pongan las carnes como a vosotras. ¡No quiero perder
mi blancura en estas habitaciones! ¡Mañana me pondré mi vestido verde y me echaré a
pasear por la calle! ¡Yo quiero salir!

Las barreras entre estratos sociales también se hacen evidentes en la obra. A través de las criadas, los únicos personajes externos a la familia, descubrimos que Bernarda Alba no es particularmente rica y que en realidad es Angustias (la mayor) quien tiene una dote decente. Esto no le impide a Bernarda Alba dejar claro cuál es su posición, por supuesto.

La Poncia: ¡Es que tus hijas están ya en edad de merecer! Demasiada poca guerra te
dan. Angustias ya debe tener mucho más de los treinta.

Bernarda: Treinta y nueve justos.

La Poncia: Figúrate. Y no ha tenido nunca novio…

Bernarda: (Furiosa) ¡No, no ha tenido novio ninguna, ni les hace falta! Pueden pasarse
muy bien.

La Poncia: No he querido ofenderte.

Bernarda: No hay en cien leguas a la redonda quien se pueda acercar a ellas. Los
hombres de aquí no son de su clase. ¿Es que quieres que las entregue a cualquier gañán?

La Poncia: Debías haberte ido a otro pueblo.

Bernarda: Eso, ¡a venderlas!

La Poncia: No, Bernarda, a cambiar… ¡Claro que en otros sitios ellas resultan las
pobres!

Bernarda: ¡Calla esa lengua atormentadora!

La Poncia: Contigo no se puede hablar. ¿Tenemos o no tenemos confianza?

Bernarda: No tenemos. Me sirves y te pago. ¡Nada más!


Siendo una obra tan breve, invito a revisarla para que ésta sea una entrada sin spoilers. Hay un pdf disponible aquí. Hay muchas representaciones y adaptaciones de la obra disponibles en Internet. Recomiendo las siguientes.

 


Sobre el autor

Federico Garcia Lorca nació el 5 de junio de 1898 en una localidad cercana a Granada, España. Su obra es considerada entre las más influyentes dentro del idioma español y ha sido aceptada en las audiencias de todo el mundo. Aunque su trabajo fue reconocido originalmente por reflejar la vida rural en España, García Lorca no tenía la intención de ser considerado como un mero poeta de la vida rural. Experimentó en carne propia el sufrimiento de los grupos oprimidos, pero evitó involucrarse abiertamente en cuestiones políticas. Escondió su homosexualidad de la vida pública y, sintiéndose condenado a vivir como un paria, tuvo que enfrentarse frecuentemente a episodios depresivos severos.

 

Lorca creció en la región de Andalucía, donde experimentó las tradiciones rurales, pero se integró a la vida moderna cuando sus padres se mudaron a la ciudad de Granada en 1909. Siendo adolescente, Lorca escribió guiones que fueron presentados ante su familia y personal, pero su padre trató de influenciarlo para estudiar Derecho, una carrera más responsable en su opinión. El escritor se inscribió en la universidad de Granada y después en la de Madrid, pero era un mal estudiante. Pese a eso recibió su título en Derecho en 1923. Sin embargo, durante sus estudios empezó a ser conocido como un artista multitalentoso. Hábil para cantar y tocar el piano, comenzó a escribir sus primeros poemas en 1915 y publicó su primer libro tres años después. Se consolidó como escritor durante la década de 1920.

En 1929, Lorca viajó a los Estados Unidos y a Cuba, lo que le sirvió de inspiración para publicar su colección Poeta en Nueva York. Tras su regreso a España, su obra La zapatera prodigiosa fue producida exitosamente. Después surgieron otras obras destacadas, como Yerma Bodas de sangre. Escribió La casa de Bernarda Alba, su última obra, en 1936 y en julio del mismo año dejó Madrid para volver a Granada. Fue una de las primeras bajas causadas en el marco de la Guerra Civil Española: fue ejecutado y su cuerpo fue arrojado a una fosa común.

 

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