Emily Brönte – Cumbres borrascosas

Tanto interés tengo en casarme con Edgar Linton como estar en el cielo, y si el malvado de mi hermano no hubiera condenado a tantas bajezas a Heathcliff nunca se me hubiera ocurrido. Ahora me envilecería casarme con Heathcliff, de modo que nunca se dará cuenta de cuánto lo amo, y eso no por ser guapo, Nelly, sino porque es como una parte de mí misma. No sé de lo que estarán hechas las almas; pero la suya y la mía son iguales, y la de Linton es tan distinta como un rayo de luna de un relámpago o como el hielo del fuego.

Ha llegado el momento de traer uno de los clásicos de la literatura al blog. Se trata de la única novela publicada por Emily Brönte y que ha sido adaptada a cine, televisión, radio, musicales y etcétera, etcétera. Si no han conocido esta historia aún, probablemente se digan que es una historia de amor: son las que suelen vender mucho como para sacar tantas adaptaciones. ¿Es este el caso? Veamos.

El argumento se centra en Catherine Earnshaw, una joven acomodada, y su – probablemente único – amigo Heathcliff, un chico descrito de forma similar a un gitano. Heathcliff es acogido por la familia Earnshaw pero es reducido a una condición de sirviente, huyendo cuando Catherine decide casarse con otro hombre. Regresa años después, educado y con fortuna, para establecerse de nuevo en el pueblo y cobrar venganza contra las familias que, según él, son las responsables de sus infortunios.

En esta trama se conjuga un gran número de personajes, cada uno con su propio desarrollo y aporte a la historia general. Aunque algunos no destacan tanto y otros más me parecieron un tanto unidimensionales, la mayoría se sostiene bastante bien. Si batallaste con Cien años de soledad haciendo un árbol genealógico y no quieres hacer lo mismo para otro libro, puedes consultar la genealogía de Cumbres borrascosas en este archivo.

Cumbres borrascosas no es una historia de amor típica. Si buscan algo similar a Romeo y Julieta, pueden conseguir Tristán e Isolda. En esta obra de Brönte vamos a encontrar celos, manipulaciones, rencor y venganza, pero sobre todo mucha humanidad. Las emociones desplegadas en el libro son tan intensas que pocas personas podrían resistirse a esta lectura y sacarán lágrimas a los más sensibles. En mi caso se trató de una lectura de una sentada, pues me fue imposible soltar el libro una vez que lo tuve en mis manos.

En su tiempo, el libro desconcertó a la crítica especializada por su estilo narrativo, que fue reivindicándose con los años. En la estructura se contiene una narración dentro de otra y permitiéndonos conocer la historia en varios niveles: desde alguien totalmente ajeno a los hechos hasta quien estuvo de primera mano. Desafortunadamente, ésta última es la voz que se mantiene durante casi todo el libro y, aunque no afecta la fluidez de la historia, sí habría sido interesante distribuir los narradores hacia un mejor equilibrio entre ellos.

 

Al día siguiente de haber terminado el libro sucedió una de esas coincidencias que fortalecen a los que citan a Coelho y su universo conspirador: comenzó una de las adaptaciones fílmicas de la obra en el primer canal de televisión que sintonicé. Nunca había visto películas de Cumbres borrascosas, por lo que me dispuse a verla. Me quedé con dolor de estómago cuando terminó. ¿Por qué?

La película (2011) en sí no es una mala adaptación del libro ni una mala película por sí misma. Se sostiene bastante bien y resulta una historia cautivadora para cualquiera que no conozca la obra de dónde proviene. De hecho, la recomiendo. El problema que tuve con ella es la forma en que proyectan a los protagonistas: ¡parecía adaptación de Romeo y Julieta! No tengo nada contra el clásico de Shakespeare, pero sus adaptaciones suelen caer en poner a los personajes como seres sin tacha, cursis hasta la muerte … y tristemente sucedió con Heathcliff y Catherine. No me refiero a los clichés propios de la época – como los monólogos o el aire de tragedia entre dos amantes – pues son elementos bastante utilizados por la escritora. No, hablo de la esencia de los personajes.

Pongamos un ejemplo: Heathcliff y Catherine se reencuentran luego de varios años. Ella ya se ha casado y él ha vuelto sin ningún aviso previo, desconociendo parcialmente las condiciones en que ella vive ahora. En la película, se abrazan y se besan muriéndose de alegría, pues saben que se aman con locura. Pero en el libro la situación es totalmente diferente:

—Quisiera tenerte asido — continuó amargamente — hasta que exhalásemos los dos el último suspiro. ¡No me importa que sufras! ¡No me importan tus sentimientos! ¡Yo también sufro! ¿Me olvidarás? ¿Serás feliz cuando yo esté bajo tierra? Dentro de veinte años dirás: “Ésta es la tumba de Catherine Earnshaw. Yo la amé hace mucho tiempo y sentí mucho el perderla, pero ya pasó. He amado después a otras muchas; mis hijos me son más queridos de lo que ella lo fue, y al morir no me alegré de ir a reunirme con ella; estaré triste por tener que dejarlos.” Dirás eso, verdad Heathcliff?

Nuestros personajes no son santos ni representaciones de la bondad sobre la tierra. Son humanos, como cualquier lector que se asome a conocerlos a través de las páginas. Por lo tanto, tienen defectos y actitudes que muchos no admitiríamos si quisíeramos idealizarlos. Catherine es una chica mimada, egoísta y chantajista. Heathcliff es rígido, terco, vengativo y cruel. Incluso pareciera que no hay un amor ideal floreciendo entre ellos… y es verdad. No hay ideal, pero sí un amor humano que trasciende. Y creo que esa humanidad es lo más valioso que puede ofrecer el libro.

Veamos un poco de Heathcliff. En el momento que transcribo, él discute sobre Catherine y su marido con el ama de llaves.

Aunque él la amase con toda la fuerza de su mezquino ser, no la amaría tanto en ochenta años como yo en un día. Catherine tiene un corazón tan profundo como el mío: tan fácil sería meter el mar en aquella artesa como que todo el cariño de Catherine fuere acaparado por él. Apenas la quiere más que a su perro, o a su caballo. No está en su poder que le ame como a mí.

¿No es encantador? Por lo menos nos queda claro que no subestima los sentimientos de Catherine. Veamos ahora cómo opera Heathcliff durante su venganza:

¡Tú, a callar! ¡Al diablo con tus gritos! No me importa lo que digas. Y en cuanto a ti, Cathy, cuanto me has dicho del desconsuelo de tu padre por tu ausencia me proporciona una verdadera satisfacción, que no me dejará dormir de alegría; no podías haber buscado mejor argumento para retenerte aquí por veinticuatro horas. […] Cathy, sus días más felices se acabaron para él cuando tú viniste al mundo. Aquel día te maldijo seguramente (yo lo hice, al menos), y es justo que te maldiga también al morir. Yo también uniré mi maldición a la suya. ¡No te quiero en absoluto! ¿Cómo podría quererte? ¡Basta de lágrimas! Aún te queda mucho por llorar de aquí en adelante […]

Si algo demuestra Emily Brönte con esta obra magnífica es que el mundo es un conjunto de claroscuros. La obscuridad y la luz residen en los corazones de cada uno de nosotros, y no tendríamos que subestimar el poder que tienen las emociones humanas para trazar nuestro destino.


Emily Brönte nació el 30 de junio de 1818 en Thronton, Yorkshire, Inglaterra. Al igual que la de sus hermanas, Charlotte y Anne, su infancia estuvo marcada por la austera educación que les proporcionó su padre un pastor anglicano, y por la atmósfera sombría de su región natal. En 1846 publicó, junto a sus hermanas, Poems by Currer, Ellis and Acton Bell. Pero sería con Cumbres borrascosas, aparecida en 1847, que Emily Brönte alcanzaría su plena madurez literaria. De salud frágil y enfermiza, murió a consecuencia de la tuberculosis el 19 de diciembre de 1848.


Si no puedes esperar a tenerlo impreso, puedes leerlo aquí. Puedes guiarte en los recursos de este sitio si quieres información complementaria.
Hay muchas ediciones de este libro, pero la que utilicé es:

Emily Brönte
Cumbres borrascosas
Universidad Veracruzana (México, 2008)
Colección Biblioteca del Universitario

 

Anuncios

2 comentarios

    • Es, en efecto, una historia muy conocida y versionada. Creo que el carácter universal de la obra es lo que ha facilitado tantas adaptaciones. No obstante, me quedo mil veces con el original. ¡Saludos! 😀

      Me gusta

Tus comentarios evitan que un poodle termine en la calle...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s