Milan Kundera – La despedida

Tener un hijo significa manifestar que se está absolutamente de acuerdo con el hombre. Si tengo un hijo es como si dijera: He nacido, he experimentado la vida y he comprobado que es tan buena que merece ser repetida.


 

Saludos, lectores. Hoy tenemos un libro magnífico para las recomendaciones del blog: se trata de La despedida, del escritor checo Milan Kundera. Pueden dar un vistazo a su biografía aquí.

Este es uno de esos libros que tuve la fortuna de conocer gracias a mis clases de literatura en la escuela. Ya había escuchado del autor mucho tiempo atrás, pero no había llegado la oportunidad de leerlo hasta que éste fue parte del temario del curso.  Se trata de una novela corta cuya trama se desarrolla en pocos días, por lo que no representa ninguna dificultad para completar su lectura en una sentada. Quienes ya hayan leído otros libros de este autor saben que su narrativa aparentemente ligera y trivial esconde asuntos de mayor profundidad entre sus letras…

Un balneario es el escenario principal para el desarrollo de la historia. La enfermera Ruzena, trabajadora del lugar, ha descubierto que está embarazada. Se dispone a llamar a quien, casi con certeza (?) es el padre: un trompetista famoso que conoció durante uno de sus conciertos. El pobre hombre, aterrado de los idilios extramaritales que no puede dejar, se siente acorralado y acuerda con ella que irá a verla para iniciar una vida juntos… aunque sus planes estén en el sentido contrario.

A esta trama inicial se incorporan los demás personajes, todos vinculados de un modo u otro al balneario. Desde un jubilado distraído hasta un exiliado político, pasando por un médico narcisista, una esposa celosa, la chica endeble pero intelectual y un mecánico perdidamente enamorado de la enfermera. Todos y cada uno de ellos terminará formando parte crucial del entramado elaborado por el autor, presentando una duda al lector incauto que quizás esperaba una narración de telenovela: ¿será que el hombre – como especie – merece vivir en la Tierra?

El libro es una oportunidad para asomarnos a planteamientos que salen de lo banal … en una trama aparentemente superflua. Las preocupaciones y motivaciones de los personajes están plenamente justificadas, demostrando de sobra que a veces gozamos de ahogarnos en vasos de agua y ridiculeces que deberían ser impropias de la capacidad humana. En un ambiente que se prestaría tanto al melodrama y a las emociones fáciles, el autor se las ingenia para cuestionarnos sobre vida, muerte, relaciones, celos, fertilidad, política, libertades y deberes para con la sociedad. Y no hay forma de escaparnos a tal vorágine… a menos que cerremos el libro para siempre, por supuesto.

Por ejemplo, el doctor que dirige el balneario atiende en su clínica a mujeres con problemas de fertilidad;  su mayor preocupación es que su proyecto médico le permita repoblar la nación para renovarla por completo. Una labor que bien puede sonar loable, altruista incluso, hasta que descubrimos cuáles son los medios y justificaciones del buen doctor para ejercer tal cruzada por la vida. ¡Y no he mencionado sus proyectos de adopción!

Por otra parte, una de las primeras ideas de Ruzena cuando se sabe embarazada es percatarse de que ahora ostenta un poder que no había tenido antes y que es lo suficientemente fuerte como para traer al trompetista de vuelta, por lo que no estará dispuesta a renunciar a él con facilidad. El embarazo es poder, oportunidad, un medio… pero el hecho de que sea un hijo parece estar desapercibido.

Jakub, el disidente político que por fin saldrá del país, es un personaje curiosísimo. Una voz de rebelión, de hartazgo y de innovación ante las perspectivas tradicionales de la vida, es una persona cargada de rigidez y formalismos. Durante años, cargó una píldora en el bolsillo, por si era necesario suicidarse ante alguna contingencia. Como no la utilizó, se ve obligado por su conciencia a devolverla al doctor que se la entregó, pues pertenece a esta tierra. Incluso sus opiniones respecto a tales medios son bastante contundentes:

Las personas deberían recibir su veneno el día de su mayoría de edad. Debería entregárseles en una ceremonia solemne. No para inducirlas al suicidio. Al contrario, para que vivan con más tranquilidad y más seguridad. Para que vivan con la conciencia de que son dueñas de su vida y de su muerte.

Los demás personajes tienen su encanto y el final junta todas sus acciones en un desenlace inevitable, pero ¿para qué contar más? Ésta es un lectura que indudablemente disfrutarán más cuanto menos referencias tengan de ella. La recomiendo totalmente.


 

Milan Kundera
La despedida
Tusquets editores
Barcelona – 1986

 

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