Miguel León-Portilla: Trece poetas del mundo azteca

La poesía náhuatl, con las otras formas de creación artística, es testimonio, el más humano, de lo que fue la vida y el pensamiento en el México antiguo.

Saludos, lectores. Contingencias personales me trajeron un dolor que no había sentido en un buen rato: estoy de luto… por eso no había traído un libro al blog. No obstante, parte de mis estrategias para afrontar estas pérdidas consiste en mantener mis actividades y horarios, por lo que vuelvo después de un tiempo razonable de hacerme bolita y llorar mucho.

Dejando el relleno personal y sentimentaloide, pasemos al libro de hoy. Como sabrán gracias a mi martes de cumpleaños anterior (y a medio mundo comentándolo), esta semana fue aniversario de Miguel León-Portilla, quien cumplió 90 años. Una autoridad suprema cuando se trata de comprender el panorama mesoamericano antes de la llegada de los españoles a estas tierras. Si bien su trabajo más conocido es la Visión de los vencidos, creí conveniente (y catártico en mi condición) abogar por un libro donde los planteamientos sobre vida, muerte, alegrías y pesares se unen en muestras de sensibilidad únicas.

El título del libro es lo suficientemente explícito para imaginar qué vamos a encontrar en su interior: una compilación de la vida y obra de trece poetas de origen azteca. Quienes sean apasionados de las culturas prehispánicas seguramente ya lo consideran como un ejemplar de referencia obligada; quienes no tengan nociones sobre los mexicas y su actividad antes de la Conquista española, tendrán una excelente herramienta para conocer más sobre un mundo del que apenas quedan vestigios por escrito.

El libro será una fuente de información histórica invaluable, pues León-Portilla demuestra su vocación al ofrecernos datos detallados, anécdotas y muchísimas referencias bibliográficas para ampliar nuestras pesquisas amateur. Además, se trata de una edición bilingüe, al menos a lo que los poemas se refiere. Cada uno de ellos viene con la transcripción al náhuatl y su correspondiente traducción al español.

El amplio contexto biográfico presentado para cada cantor no es gratuito: el autor lo utiliza para distinguir características distintivas en la obra poética y para explicar la muestra tan escasa que se presenta en algunos casos. Si bien es un estudio de la producción literaria azteca, no se trata de un libro orientado hacia la crítica literaria (el mismo León-Portilla recomienda libros específicos al respecto).

Quiero invitarlos, estimados lectores, a que revisen este libro si todavía no lo consultan. Así conocerán historias y poemas como los que traigo (muy abreviados) a continuación.

Un noble mexica, cautivado por la belleza de las mujeres públicas.

Preciosa flor de maíz tostado,
sólo te prestas,
serás abandonada,
tendrás que irte,
quedarás descarnada.

El poeta, arquitecto y sabio en las cosas divinas… que cometió una traición inmisericorde.

¿ A dónde iremos
donde la muerte no existe?
Mas, ¿por esto viviré llorando?
Que tu corazón se enderece:

Aquí nadie vivirá por siempre.
Aun los príncipes a morir vinieron,
Los bultos funerarios se queman.
Que tu corazón se enderece:
Aquí nadie vivirá para siempre.

El cantor de la amistad traicionada (por el poeta mencionado arriba).

Sólo trabajo en vano,
gocen, gocen, amigos nuestros.
¿No hemos de tener alegría,
no hemos de conocer placer, amigos nuestros?

Un hombre condenado a la infelicidad por apegarse a la justicia.

Los jades y las plumas de quetzal
con piedras han sido destruidos,
mis grandes señores,
los embriagados por la muerte,
allá en las sementeras acuáticas,
en la orilla del agua,
los mexicanos en la región de los magueyes.

Un gobernante enfrentado a la dualidad de la existencia.

Amigos nuestros,
escuchadlo:
que nadie viva con presunción de realeza.
El furor, las disputas
sean olvidadas,
desaparezcan en buena hora sobre la tierra.

El hacedor de cascabeles.

Así lo dejó dicho Tochihuitzin,
Así lo dejó dicho Coyolchiuhqui:
De pronto salimos del sueño,
sólo vinimos a soñar,
no es cierto, no es cierto,
que vinimos a vivir sobre la tierra.
Como yerba en primavera
es nuestro ser.
Nuestro corazón hace nacer, germinan
flores de nuestra carne.
Algunas abren sus corolas,
luego se secan.
Así lo dejó dicho Tochihuitzin.

El poeta que afrontó la intriga de sus hermanos.

¿Acaso vuelve alguien,
acaso alguien regresa,
de la región de los descarnados?

La poetisa que escuchó más de lo que se registró en los códices.

¿Adonde de algún modo se existe,
a la casa de Él
se llevan los cantos?
¿O sólo aquí
están vuestras flores?

El cantor de la amistad.

Con cantos circundo a la comunidad,
la haré entrar al palacio,
allí todos estaremos,
hasta que nos hayamos ido a la región de los muertos.
Así nos habremos dado en préstamo los unos a los otros.

Aquel que se empeñó en dar sentido a la flor y el canto.

Y ahora, oh amigos,
oíd el sueño de una palabra;
Cada primavera nos hace vivir,
la dorada mazorca nos refrigera,
la mazorca rojiza se nos torna un collar.
¡Sabemos que son verdaderos
los corazones de nuestros amigos!

El águila blanca en busca de sabiduría

Esfuércese, quiera mi corazón,
las flores del escudo,
las flores del Dador de la vida.
¿Qué podrá hacer mi corazón?
En vano hemos llegado,
hemos brotado en la tierra.
¿Sólo así he de irme
como las flores que perecieron?
¿Nada quedará de mi nombre?

¿Nada de mi fama aquí en la tierra?
¡Al menos flores, al menos cantos!
¿Qué podría hacer mi corazón?
En vano hemos llegado,
hemos brotado en la tierra.

El cantor de la guerra florida.

La guerra florida, la flor del escudo,
han abierto su corola.
Están haciendo estrépito
llueven las flores bien olientes,
así tal vez él,
por esto vino a esconder el oro y la plata,
por esto toma los libros de pinturas del año.
¡Mi pequeño canal, con mi cántaro va el agua!

El litigante desafortunado.

¿Trepidarán los jades,
se agotarán los plumajes de quetzal
en la región de los descarnados,
en donde de algún modo se vive?


¿No puedes esperar a leerlo? Mis fuentes me informaron que puedes descargar éste y otros libros suyos en este link. Sobre advertencia no hay engaño: ése contenido no es mío y no me hago responsable si no está limpiecito. Como siempre, recomiendo leer el ejemplar impreso.

Miguel León-Portilla
Trece poetas del mundo azteca (3a ed.)
México: UNAM
1975

 

 

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