Khalil Gibran – Alas rotas

Saludos, lectores. Acabamos de dejar el día festivo por excelencia del mes, pero ese ambiente amoroso e irresistiblemente cursi no se marcha del blog. Por eso hoy quiero compartir una de esas historias de amor frustrado, de pasión desoladora y sueños incumplidos. ¿Quién mejor que el escritor libanés para conducirnos por los senderos de la resignada desesperación?

En un post previo ya habíamos comentado algunos pormenores biográficos de Khalil Gibran, por lo que no voy a repetirlos aquí. Originalmente publicada en 1912, la novela que hoy nos ocupa aborda una historia de amor trágico que bien podríamos tomar como canon en el mundo literario: dos jóvenes se enamoran, pero ella ha sido pedida en matrimonio por un hombre rico y temperamental. No obstante, la profundidad que se encuentra en las páginas trasciende a la trama principal e incluso nos cuestiona sobre la naturaleza del amor que pareciera estar defendida por el argumento del libro.

El protagonista es el muchacho que describe su experiencia en primera persona. Desde el principio afirma que no había tenido contacto real con la vida, pues se hallaba consumido por cierta melancolía.

Tal era mi vida antes de que cumpliera yo dieciocho años. El año que los cumplí es como la cima de una montaña en mi vida, porque despertó en mí el conocimiento y me hizo comprender las vicisitudes de la humanidad. En ese año volví a nacer, y a menos que una persona vuelva a nacer, su vida seguirá siendo una hoja en blanco en el libro de la existencia. En ese año vi a los ángeles del cielo mirarme a través de los ojos de una hermosa mujer. También vi los demonios del infierno rabiando en el corazón de un hombre malo. Aquel que no ve a los ángeles y a los demonios en toda la belleza y en toda la malicia, estará muy lejos del conocimiento, y su espíritu estará ayuno de afecto.

El joven es guiado por el destino (?) a la casa de un amigo de su padre, quien le presenta a Selma, su hija. A partir de ese momento, nuestro personaje descubre la belleza de Selma y no se detiene en descripciones… pero tampoco se queda en un mero recuento de lo bonita que la encuentra.

Selma era muy pensativa, más que parlanchina, y su silencio era como una música que lo llevaba a uno a un mundo de sueños y que lo hacía a uno escuchar los latidos del propio corazón, y ver los fantasmas de los propios pensamientos y sentimientos al lado de uno, como si nos miraran a los ojos.

Gibran aprovecha la historia de amor para reflejar dos puntos importantes y muy controversiales en su época: la corrupción del clero y la opresión política y social hacia las mujeres. El mundo de fantasía que crean los enamorados es interrumpido abruptamente en la misma noche que confiesan sus sentimientos, por el acecho de un matrimonio arreglado entre el padre de Selma y el obispo local, quien pidió la mano de la joven para su sobrino. Selma pasa a ser un pajarillo de alas rotas, rogando a su amado que la recuerde con cariño y que haga su vida al lado de otra mujer. El protagonista sabe que el padre seguirá las disposiciones del sacerdote, pues es la voz de una supuesta espiritualidad. Entonces, nuestro personaje se encuentra en una encrucijada: ¿tendrá que acatar la disposición del padre para mantener el buen nombre de Selma, o deberá renunciar a todo y huir con ella?

 ¿Por qué lleno estas páginas con palabras acerca de los traidores que arruinan a las naciones pobres, en vez de reservar todo el espacio para la historia de una desventurada mujer de corazón roto? […]

Pero, mis queridos lectores, ¿no creen ustedes que tal mujer es como una nación oprimida por los sacerdotes y los malos gobernantes? ¿No creen ustedes que un amor frustrado […]  es como la desesperación que aniquila a los pueblos de la Tierra? Una mujer es, respecto a una nación, como la luz a la lámpara. ¿No será débil la luz si el aceite de la lámpara escasea?

Como podrá predecir el lector avezado, ésta no es una historia con final de telenovela. El final está anunciado en el libro desde el principio, por lo que no será sorpresa para nadie que haya comenzado a leerlo. Sin embargo, saber que poco a poco nos acercamos a ese final genera cierto grado de conmoción y seguramente hará llorar a quienes sean románticos empedernidos y más sensibles que yo. Se trata de una historia breve que no podrán olvidar.


 

¿Quieres leerlo ya mismo? Puedes hacerlo desde aquí, aunque recomiendo encarecidamente que lo consigas impreso. En mi caso, se trata de un ejemplar adquirido en una librería de viejo que valoro mucho, pues trae un excelente prólogo a cargo del Maestro Roberto Oropeza Martínez. Hace una ligera advertencia (que comparto plenamente):

Permíteme, lector, darte un sano consejo: si no eres joven, deja inmediatamente que este libro repose en su anaquel, que se cubra de polvo y envejezca también… Hasta que venga el día en que manos jóvenes lo tomen, lo sacudan, y se internen por estas páginas para llevar tras ellas la ventana de un alma limpia, los ojos adolescentes dispuestos a impregnarse de mieles y de almíbares frescos a la captación de la vida circundante.

[…]

Pienso en esa juventud de todas las edades, en la que inclusive muchos ancianos de canas venerables llaman “juventud de corazón”. Pienso en la disposición que temen los intelectuales de cenáculo para asimilar este orden de cosas plenas de ingenuidad; a las que, lo he oído muchas veces, motejan de cursilería; aunque nunca, en el casi medio siglo de mi vida, haya tenido la fortuna de tropezar en mi camino con uno de esos eruditos, sabios o snobs, que puedan ilustrar mi ignorancia con una definición lógica de lo cursi; con uno de esos conceptos precisos y concisos que iluminan de pronto nuestras tinieblas de duda.

En otro orden de ideas, mucho más trivial, les comento que esta canción estuvo inspirada en el libro que referimos hoy. También se rumora que Blackbird, de The Beatles está basada en la novela (pero nunca se confirmó) . ¡Lo que se aprende cada día!


Khalil Gibran
Alas rotas
México: editorial Orión
1972

 

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