¿Leer está de moda?

Mi respuesta breve sería noleer no está de moda. Comprar y exhibir lo que leemos, sí. No estoy descubriendo nada nuevo ni sacando el hilo negro de nada, pero experiencias más o menos recientes me han generado una perorata que no podía quedarse sólo en mi cabeza, así que vamos por partes. Advierto desde ya que esta entrada es totalmente desordenada y probablemente no haya mucha congruencia en el contenido. Lo siento.

A lo largo de tantas visitas a librerías, bibliotecas y exploraciones al acervo personal, me he encontrado un elemento que pareciera estandarizarse en el mundo editorial: las frases publicitarias que elogian la obra o el autor y que localizamos en solapas, contraportada o en cintillos de papel anexos al libro recién adquirido. Seguramente ustedes también se han encontrado con ese reclamo que nos reitera el valor del libro como objeto de consumo, ¿cierto? Frases de algún crítico, escritor o institución editorial que te dicen que el autor Fulano “es la revelación de un alma atormentada” o que el Libro Tal “maneja un estilo, un tono y unas obsesiones llenas de virtuosismo”. Frases que me imagino son intercambiables y que se eligen mediante tómbola, porque parecieran siempre escritas por la misma pluma inspirada. Pero las peores para mí son las que comparan al autor Fulano con escritores ya consagrados en el panteón literario; para muestra les dejo un botón. Si alguien adivina a qué escritores se refieren (todas) las siguientes frases, le regalo un libro. En serio.

  • “Es el Proust de nuestro tiempo”.
  • “A fuerza de destilación, [el autor] crea un misterio. Utiliza un registro que no está alejado del de Simenon”.
  • “Si [el autor] fuese novelista estaría entre Kafka y Bukowski. Si fuera poeta, se acercaría más a Rimbaud. Pero, como filósofo, es realmente único”.
  • “Las novelas de [el autor] poseen ese juego deductivo de la obra de Arthur Conan Doyle y a la vez ofrecen un retrato de las costumbres del Japón Imperial”.
  • “Un verdadero trabajo de gran literatura… una espléndida obra en el espíritu de The Songlines de Bruce Chatwin, los mosaicos históricos de Eduardo Galeano y Rayuela de Julio Cortázar”.
  • “Podría ser de Maupassant, un Maupassant excelso”.
  • “Algunos críticos la consideran como la Chéjov canadiense”.
  • “La escritura de [autor] es lírica y cautivadora. Con gusto revisitaré este [título] como retorno a mis poemas, pinturas o recuerdos favoritos”.
  • “Un libro de relatos delicioso, imprescindible. [El autor] es el equivalente a Chéjov en el país del sol naciente”.

 

Dichos elogios publicitarios no son algo nuevo en el mundo literario, pero pareciera que sí se ha estandarizado su uso en los últimos años. Entre mis ejemplares, los libros editados antes de 1990 no suelen cargar estas frases, pero en los que tengo posteriores al 2000 es casi la regla. Podría creer que ésto responde a la promoción de la lectura como actividad de consumo más que como un ejercicio cognitivo, pero mi biblioteca no es el Universo y es tan escasa que nadie podría considerarla una muestra válida para siquiera suponer tales afirmaciones. De todos modos, vale la pena cuestionarnos si este amor por la lectura que se puso de moda es realmente amor por leer o si se trata de amor por consumir todo lo relacionado a los libros, sin que leer sea lo principal.


 

Desde hace unos años he visto que se han diversificado las voces que dicen “amo leer”, “yo no veo tele, yo leo”, “¿opinas eso? Debe ser porque sólo ves Televisa. Mejor abre un libro”, “soy una persona única y especial porque leo mucho”, etcétera. Más allá de esas frases trilladas para buscar aprobación y reconocimiento que pululan en tantas conversaciones, muchas instituciones se han puesto a lanzar campañas para promover la lectura. Campañas que promueven la lectura como una actividad de moda en la que lo importante es consumir libros y “accesorios” (¿eh?) de la lectura: separadores, lamparitas, tazas, camisetas y mil y un artículos inútiles cuando se trata de leer.

“Amar la lectura” pasaría a ser un estilo de vida en el que se debe demostrar el compromiso con la mal llamada comunidad lectora comprando, pero también actualizando constantemente en blogs, videoblogs, redes sociales y sitios como goodreads sobre lo que leemos o dejamos de leer. Para colmo, no faltará el amante de la lectura que recurra al plagio para exponer sus opiniones respecto a un libro. ¿Dónde queda el leer y el disfrutar de los libros, cuando lo que se está promoviendo sólo es el consumo y el exhibicionismo de una supuesta lectura? Las personas que mantenemos blogs sobre libros, ¿realmente promovemos la lectura o somos meros portavoces de la moda de leer?

 

[Desafortunadamente LibrosMexico.mx borró de sus redes sociales otra joya de su campaña que no pudo aparecer en el post: ponía que “Miseria es ir la librería y no tener dinero para comprar la edición en pasta dura“. Hacer ese tipo de afirmaciones publicitarias en un país donde la mitad de la población se encuentra en pobreza es deleznable, cuando menos].


 

No sé hasta qué punto resulte hipócrita que haga queja de estos fenómenos… desde un blog sobre libros. De buena fe comento que mi objetivo no es presumir lo que leo, sino que cualquiera de mis lectores accidentales encuentre algo de mínima utilidad para animarse sobre algún libro que tenga pendiente, o encontrar un escritor que no conocía. No voy a hacer un videoblog (como si la tendencia de los booktubers no estuviera lo suficientemente saturada a estas alturas) ni estoy haciendo marketing personal ni voy a tomarme selfies con mis libros para que vean cuánto leo. Espero pulirme con el tiempo para poder presentar contenido de calidad mínima y distanciarme de la moda, asumiendo que probablemente mis conductas de siempre ya hayan caído en el horrible mundo de la pose.

 

 

 

 

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12 comentarios

  1. Lamento decirte que hoy todo es moda y exhibición, adiós a la privacidad, y desgraciadamente la literatura no se ha salvado.

    Y pues aquí mi intento de ganarme un libro jeje…

    1 y 2. Patrick Modiano
    3. Slavoj Žižek
    4. Okamoto Kidô
    5. ???
    6. Emmanuel Carrère
    7. Alice Munro
    8. Takashi Hiraide
    9. Ryūnosuke Akutagawa

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  2. ¿Y cuál es, exactamente, el problema?

    La publicidad es el diablo cuando se dedica al consumo, ahí estamos de acuerdo, pero creo que con los libros les sale el tiro por la culata. ¿Y qué si alguien compra a Munro porque la comparan con Chejov? En el fondo, no es absolutamente injusta la comparación, es una tremenda cuentista. ¿Y qué si alguien compra, digamos, “En movimiento. Una vida” por pura apariencia? Lo peor es que no lo lea, que el libro quede por ahí, años, hasta que la muerte obligue a que lo adquiera una librería de viejos que entonces lo venderá a una fracción del precio original a alguien que, quizás, sí lo lea. Lo mejor que puede pasar es que quien lo compró por pose lo lea, y entonces, ¿no estamos ganando algo?

    Tampoco estoy afirmando que leer salve, o nos haga mejores personas. Nada de eso. Pero ayuda a entender que no somos el centro. De todos los objetos de consumo, que prometen la libertad y la alegría, creo que sólo los libros pueden lograr la paradoja de entregar libertad verdadera.

    Un abrazo, y está bien ser portavoces de la moda de leer.

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    • Efectivamente, la apuesta por el libro tiene los efectos positivos que mencionas y concuerdo con que quizás el libro comprado “por moda” termine en mejores manos eventualmente. No obstante, creo que el comprar el libro por apariencia y no leerlo puede terminar en otras repercusiones además de un ejemplar acumulando polvo. Las personas que no leen pero presumen de ser amantes de los libros parecieran desvivirse en demostrar forma pero no fondo y esto sí guarda relación con nuestras actitudes, decisiones e interacciones. Después de todo, lectores o no, todos vamos entretejiendo a la sociedad con las acciones de cada día. Naturalmente, esto sería tema de otra ocasión.

      Totalmente de acuerdo sobre la libertad y alegría que sí se cumple al recurrir a un libro. No podría expresarlo mejor.

      Un abrazo.

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  3. Esta entrada me ha hecho pensar mucho. Yo también estoy un poco cansada de el leer por moda, como si por tener Crimen y Castigo (por poner un ejemplo) en tus manos te hiciera alguien superior a los demás. Está claro que a veces el postureo te lleva a amar las cosas de verdad, yo confieso que me pasó algo así con los Beatles y Queen o con libros clásicos. Pero cuando lees para sacarte una foto y subirla a Instagram algo pasa. La verdad es que no puedo ser muy categórica en este tema porque no tengo mi opinión del todo madura. Me ha encantado el post, hacía tiempo que no leía algo tan original. ¡Besos!

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