La Navidad llegó desde octubre (y otras razones por las que no me gusta)

Diciembre trae consigo la temporada festiva que menos me agrada de todo el año: gorditos barbones, muñecos de nieve que en México sólo son de plástico, decoraciones con lucecitas que no prenden bien después de un día, venta de merchandising navideño desde octubre, comerciales de refresco que rayan en la discriminación y un ambiente tipo “Hoy, Fulanito descubrió el significado de la Navidad”.  ¿Y cuál es ese significado que pareciera ser fruto del mismísimo Nirvana? Nunca lo sabemos con claridad.

Así es, queridos lectores, no encuentro mucha satisfacción ni regocijo en las fiestas navideñas. No por las atribuciones originales que guardan estas celebraciones, sino por el circo – maroma – y – teatro que se arma con ellas. Prender la televisión y ver la adaptación del Cuento de Navidad con los Picapiedra, con los Simpson, con Rico McPato, con Charlie Brown y hasta con Laura Bozzo (si le damos la oportunidad, seguro que lo hará). Esperar a la cena navideña mientras el canal 5 transmite Titanic (o la película que hayan tomado para repetir, tiene años que me rendí con la televisión). Encontrar maratones especiales de Navidad para las personas deprimidas que no tienen nada mejor que hacer, restregándoles en la cara lo armonioso y solidario de la temporada. Y regalos. Comprar muchos, muchos regalos. O eso dicen las leyendas urbanas.

Puedo ser extremadamente cursi si me lo propongo, pero la Navidad es demasiado azucarada y plástica para mí. Charles Dickens hacía mención de que debemos guardar el espíritu de la Navidad en el corazón y conservarlo todo el año. Pareciera que eso es lo que suele olvidarse tras el universo de adaptaciones del pobre Scrooge. Afortunadamente, tampoco se toma esta frase con todo el sentido literal que se le pueda imputar, porque de ser así tendríamos arbolitos navideños en cada estación del año.


 

Afortunadamente, en esta ocasión mis celebraciones navideñas se ven engalanadas por una invitación que no podía dejar pasar. Resulta que mi amiga Pily Trinidad me extendió una propuesta que no podía rechazar. No voy a detallar porque quiero dejar un aire de misterio, pero es un proyecto realizado por el equipo de La Perorata, un blog magnífico donde encontramos “discursos largos pero no aburridos”. Estoy muy entusiasmada por el proyecto que se traen entre manos y me siento muy honrada de haber recibido su invitación. Espero que se den una vuelta por La Perorata y dejen sus comentarios… y que dejen sus impresiones sobre el proyecto cuando esté listo.  🙂

 

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