Confabulario

Si me obligaran a cifrar a Juan José Arreola en una sola palabra que no fuera su propio nombre… esa palabra, estoy seguro, sería libertad. Libertad de una ilimitada imaginación, regida por una lúcida inteligencia.

Jorge Luis Borges

¡Saludos, lectores! Hoy era imprescindible dedicar el libro de esta semana para el escritor y traductor mexicano Juan José Arreola, en un aniversario luctuoso más. Opté por su Confabulario porque me parece una gran muestra para introducirnos a los textos de Arreola.

El escritor mexicano que hoy nos  ocupa nació en el estado de Jalisco, en septiembre de 1918. Desde muy joven trabajó como asistente en imprentas y centros de encuadernación, pasando a ser actor de radionovelas para costearse sus estudios universitarios en la ciudad de México. Desempeñó muchos oficios y mantuvo un perfil autodidacta de estudio, lo que le permitió autodenominarse “artesano del lenguaje”. Fue encuadernador, periodista, locutor, profesor, así como comentarista en televisión y en Juegos Olímpicos (Barcelona 1992).

Sus obras le valieron el Premio Jalisco de Literatura y el Premio del Festival Dramático del Instituto Nacional de Bellas Artes. Para 1979 recibe el Premio Nacional en Letras en la ciudad de México. Años más tarde su lista de galardones aumenta al recibir los Premios Nacional de Lingüística y Literatura; el Nacional de Periodismo; el Nacional de Programas Culturales de Televisión; el Internacional de Literatura Juan Rulfo y el Premio Internacional de Literatura Alfonso Reyes. También fue condecorado por el gobierno francés como Oficial de Artes y Letras Francesas; y recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Colima. ¡Nada mal!

Luego de una trayectoria tan reconocida, Juan José Arreola falleció el 3 de diciembre de 2001 en la ciudad de México, a consecuencia de una hidrocefalia. Tenía 83 años.


En Confabulario vamos a encontrar una colección de cuentos breves que van a dejarnos pensando un buen rato. Son relatos que rayan en lo fantástico y motivan a impulsar nuestra capacidad de asombro, pero también la reflexión sobre cualidades positivas y negativas del proceder humano.

Varios de sus cuentos han sido tomados para mil y un antologías. De hecho, conocí y me decidí a buscar el Confabulario gracias a dos antologías de cuentos que conseguí años atrás: Visiones periféricas, de ciencia ficción; y Cuentos breves latinoamericanos. En la primera de ellas se incluye el cuento En verdad os digo, donde se presenta una reinterpretación del pasaje biblíco que refiere a camellos y agujas. Los millonarios del mundo, angustiados por no poder entrar al reino de los cielos, patrocinan al Dr. Niklaus para que sea capaz de proporcionar una solución científica al problema. Un relato hilarante donde el ingenio humano y el uso de la tecnología generan nuevos dilemas en torno a la moralidad y a las percepciones tradicionales de la religión.

En vez de derretir toneladas de cirios y de gastar el dinero en indescifrables obras de caridad, las personas interesadas en la vida eterna que posean un capital estorboso, deben patrocinar la desintegración del camello, que es científica, vistosa y en último término lucrativa. Hablar de generosidad en un caso semejante resulta del todo innecesario. Hay que cerrar los ojos y abrir la bolsa con amplitud, a sabiendas de que todos los gastos serán cubiertos a prorrata. El premio será igual para todos los contribuyentes: lo que urge es aproximar lo más que sea posible la fecha de entrega.

En la antología de Cuentos breves,  La Migala es uno de los cuentos que representan a las plumas mexicanas.  En este relato, el protagonista compra una migala – una tarántula sudamericana muy venenosa – en una feria callejera. Una vez en su casa, suelta al ponzoñoso animal y lo ve esconderse entre los muebles. Desde ese momento, queda a la expectativa de no saber si amanecerá otro día.

Todas las noches tiemblo en espera de la picadura mortal. Muchas veces despierto con el cuerpo helado, tenso, inmóvil, porque el sueño ha creado para mí, con precisión, el paso cosquilleante de la araña sobre mi piel, su peso indefinible, su consistencia de entraña. Sin embargo, siempre amanece. Estoy vivo y mi alma inútilmente se apresta y se perfecciona.

No obstante, uno de los cuentos más reconocidos de todo el libro es El guardagujas (que también leí años antes del mismo Confabulario en otra antología), en la que se ve patente la influencia de Kafka en el autor mexicano. Una trama aparentemente simple: un viajero se encuentra en una estación, temeroso de haber perdido el tren. Se acerca al guardagujas para preguntarle si su tren ya ha partido y, en lugar de una respuesta concreta, comienza una disertación sobre el funcionamiento de la estación y la empresa ferrocarrilera. Un cuento magnífico que bien puede constituir una crítica hacia los efectos de la industrialización en sociedades que no están preparadas para ello, una observación aguda sobre el sistema ferroviario mexicano o bien, una historia sobre el hombre y cómo se enfrenta a su destino. Interpretaciones sobran. ¿No es increíble? Hay mucha, mucha tela de donde cortar en una narración tan breve.

—¿Me llevará ese tren a T.?
—¿Y por qué se empeña usted en que ha de ser precisamente a T.? Debería darse por satisfecho si pudiera abordarlo. Una vez en el tren, su vida tomará efectivamente algún rumbo. ¿Qué importa si ese rumbo no es el de T.?
—Es que yo tengo un boleto en regla para ir a T. Lógicamente, debo ser conducido a ese lugar, ¿no es así?
—Cualquiera diría que usted tiene razón. En la fonda para viajeros podrá usted hablar con personas que han tomado sus precauciones, adquiriendo grandes cantidades de boletos. Por regla general, las gentes previsoras compran pasajes para todos los puntos del país. Hay quien ha gastado en boletos una verdadera fortuna…


 

Si no lo han leído, aprovechen que se encuentra gratuitamente en cualquier parte. Desconozco si permanece sujeto a copyright, pero de ser el caso es un libro cuya adquisición vale la pena. Un libro imprescindible para la biblioteca personal. 🙂

 

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