30. Oscar Wilde vs Ambrose Bierce

Por fin veo la luz navideña al final del túnel, esa que me indica que terminó noviembre y que el furor decembrino se aproxima con todo. Con el fin de mes termina mi reto de publicar diariamente durante estas semanas y será tiempo de reorganizarme para las actividades que el último tirón del año me aproxima.

Como muchos ya sabrán a estas alturas, hoy es aniversario luctuoso de uno de los escritores más reconocidos en la literatura universal: Oscar Wilde. Es autor de libros como El retrato de Dorian Gray, El príncipe feliz, El fantasma de Canterville, La importancia de llamarse Ernesto y La decadencia de la mentira. Su vida estuvo llena de comportamientos excéntricos para su época, lo que le valió estar envuelto en polémicas y una temporada en prisión por ser homosexual.

Sin embargo, algo que no encontramos con frecuencia – menos si buscamos en español – son sus pequeños roces con el escritor estadounidense Ambrose Bierce, que terminaron en una trifulca de proporciones épicas.

En The Wasp, una revista satírica que se publicaba en San Francisco, Ambrose Bierce se dedicó a atacar a Wilde, tildándolo de ser [tomen aire y prepárense] un burro inefable sin nada que decir, un impostor odioso, un estúpido cabeza dura, una medusa intelectual, un hombre sin ideas,  el más pequeño y desquiciado de una hermandad de simplones, un idiota que podría discutir con un perro hecho de hierro fundido, etcétera. Para Bierce, los cuentos de Wilde eran incoherentes, trillados y carentes de significado. Fuera de lo descrito anteriormente, el escritor norteamericano no tenía problemas con el irlandés, ya que Bierce jamás había acudido a una conferencia de Wilde, ni leído una sola sílaba escrita por él.

Oscar Wilde estaba dando un tour de conferencias por EEUU para el momento en que las mordaces críticas de Bierce fueron publicadas. Así que Bierce se encontró asombrado cuando recibió la tarjeta de Wilde en su escritorio. La conversación que mantuvieron en ese primer encuentro es tan divertida en inglés que traducirla provoca que pierda gracia. Ah, traduttore, traditore

Bierce: “A colorful flower in your buttonhole, Mr. Wilde.”

Wilde: “A well-made buttonhole is the only link between art and nature, sir.”

B . “I observe the nature but I’m unsure about the art.”

W. “I believe that one should either be a work of art or wear a work of art.”

B. “And which describes you?”

 W. “Both”

En esa ocasión, Wilde invitó a Bierce a acudir a su próxima conferencia y le regaló uno de sus libros de poemas. Bierce fue contundente: “¿Espera que lea esto?” Wilde replicó “En realidad no, señor. Pocos han leído y sólo algunos más lo harán. Mi primera idea era imprimir sólo tres ejemplares. Uno para mí, uno para el Museo Británico, y uno para el cielo. Luego tuve dudas sobre el Museo Británico”.


 

¿Quieres saber qué pasó después? Te invito a que revises la publicación donde encontré esta historia. Seguro que no esperarías el final que tuvo el desencadenamiento de los hechos que comenzaron con la tensión inicial…

original

…No, tampoco termina así.

Si han leído escritos de Wilde, los invito a que compartan en los comentarios 🙂 He leído algunas historias suyas, pero de poesía nada. El género lírico no suele ser mi fuerte.


 

La imagen del post es obra de UnoYuna. Puedes encontrar su trabajo en http://unoyuna.deviantart.com/

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