29. ¿Por qué nos importan los personajes ficticios?

Ah, los personajes ficticios. Esos seres imprescindibles para narrar una historia (¿cómo podría serlo sin un personaje?) y que, dependiendo de su solidez y de nuestra apreciación como público, formarán ciertos…lazos con nosotros. ¿Suena raro? ¿Cuántas veces hemos visto a alguien quejarse porque el personaje cometió un tropelío del que pudo haberse escapado? ¿Cuántas veces hemos respirado aliviados porque un personaje escapó de un problema y se le aproxima un futuro mejor? ¿Cuántos casos tenemos de muertes insuperables, que nos parten el corazón y que a veces no terminan de superarse? Si creen que exagero, los invito a revisar estas listas (1 y 2)y a ver qué escribe la gente en torno a lo que le sucede a sus personajes predilectos. O también el caso del fandom consternado por la muerte de Glenn en la serie The walking dead… Ejemplos hay de sobra.

Ya sea en libros, películas o series de televisión, los personajes nos cautivan y llegan a importarnos, tal vez a extremos que no comprendemos. ¿Por qué?

Luego de buscar varios artículos en torno a esta pregunta, he encontrado muchísima información interesante, aunque creo que quien mejor lo sintetiza es Abby Norman en TheMarySue. En ese artículo encontré un panorama general de muchas consideraciones al respecto que he encontrado regadas por Internet. Recomiendo echarle un vistazo. Si no tienen mucho tiempo – o entusiasmo – les comparto algunos puntos que se comentan en ese artículo.

La empatía: respuesta más simple y llana para comprender los fenómenos del fandom y este apego emocional a los personajes. Es una cuestión que se aborda en el estudio que compartí en una entrada pasada – aunque ésta se enfoca estrictamente a la empatía en relación con la lectura.

Consideremos que cuando nos relacionamos con alguien cara a cara tenemos la posibilidad de impulsar una respuesta emocional a partir de estímulos sensoriales directos: un abrazo, un apretón de manos, expresiones faciales, etcétera. Pero no contamos con estos estímulos si hablamos de quienes no existen. ¿Entonces?

Otro elemento que nos ayuda a empatizar con los demás es que procuramos “llenar” los espacios en blanco, los detalles que desconocemos sobre la situación del otro. Nos interesa “conocer a fondo” al punto de que un ejemplo frío como un juicio nos ayuda a vislumbrar hasta qué punto pueden llegar nuestros intentos por conocer a otro: “sí, el acusado mató y descuartizó a ocho víctimas, pero deberíamos considerar los traumáticos eventos de su infancia y las lesiones neurológicas que tiene de nacimiento”…

Es muy común que las personas puedan manifestar sus simpatías hacia personajes ficticios con más facilidad porque solemos tener claro el contexto y las circunstancias que lo rodean y lo convierten en el personaje que vemos. Un ejemplo de lo que sucede cuando no tenemos estos detalles es el Fanfiction, donde la comunidad genera mil y un posibilidades – algunas que alcanzan nivel de canon – para tratar de entender a sus personajes y en última instancia, sentir algo por ellos.

El “problema” de los personajes ficticios puede alcanzar reflexiones de carácter filosófico si nos lo proponemos. Cito (traducción literal) a Norman sobre este tema:

El dilema filosófico más grande que enfrentamos es la definición de lo que significa ser real. En un nivel un tanto basal, “nosotros” somos reales y los personajes de ficción son “irreales”; a lo sumo son representaciones o amalgamas de personas reales, pero ellos mismos no poseen ninguna identidad solitaria real en la vida. Ellos no son de carne y hueso. No podemos participar con ellos en ese nivel tangible que podríamos con, por ejemplo, un amigo al que estamos reconfortando. En el cine y la televisión, a menudo podemos extender nuestros sentimientos de los personajes a los actores que los retratan, lo que es inocuo cuando menos pero potencialmente muy inquietante para los actores. 

Habrá gente que sea reticiente a considerar real a un personaje porque éste no funciona fuera del universo en el que es creado. Al mismo tiempo, habrá una avalancha de personas que puedan afirmar que hay ciertos personajes que son tan desarrollados y desprendidos de un periodo y tiempo específicos que podrían sostenerse en la vida real sin problemas. Sin embargo, la posible realidad de personajes ficticios no es relevante – y quizás es más una justificación de sanidad mental innecesaria – porque las conexiones emocionales que podemos hacer con ellos son reales sin necesidad de una corroboración ontológica.


 

Algunos estudios psicológicos han contribuido a definir un fenómeno denominado experience – taking. Básicamente consiste en que adoptamos comportamientos, creencias, pensamientos y reacciones de los personajes ficticios, como si tendíeramos a transformarnos “un poquito” en ellos. No es una cuestión tanto de empatía, pues no nos ponemos en sus zapatos, sino que “absorbemos” sus experiencias. Veamos algunos ejemplos de cuándo sucedió este fenómeno en condiciones de laboratorio:

En un estudio realizado por la Ohio State University, se encontró que el experience-taking ocurría cuando los voluntarios leían libros narrados en primera persona.

Los investigadores Geoff Kaufman y Lisa Libby hallaron por cuenta propia que las personas que se identificaban con personajes que superaban obstáculos para poder votar, eran más propensas a acudir a votar en una elección real varios días después.

Sin embargo, era necesario que los personajes revelaran características propias que concordaran con el perfil del lector para que este efecto pudiera concretarse. De esta manera, los psicólogos afirman que para que el experience-taking suceda, el lector tiene que olvidarse un poco de su propia identidad para amoldarse al personaje. En expermientos donde el lector tenía que mirarse en un espejo al leer, el experience-taking no ocurrió: el lector tenía un recordatorio constante de su propio ser.


 

Abby Norman cierra su aporte documental a la psicología del fandom de tal manera que bien puede ponernos a pensar un rato:

Lo que buscamos a la hora de relacionarse con los personajes no es necesariamente lo mismo que lo que admiramos en ellos. De hecho, cuando reducimos hacia lo que realmente hace que amemos a un personaje, no es tanto que pensamos en ellos como nuestra contraparte de ficción, sino que nos gustaría ser sus amigos.

En el fondo, nuestra atracción por los personajes de ficción no puede ser que nos identificamos tanto con ellos, sino más bien que realmente disfrutamos de pasar tiempo con ellos. Ya sea en las páginas de un libro, una nueva temporada de la TV o una película de largometraje, por unas horas al menos, estamos perdidos en su mundo.


Hay un libro que me estoy muriendo por leer sobre este fenómeno de vincularnos con personajes ficticios. Se trata de Why do we care about fictional characters? de Blakey Vermeule. Me he encontrado algunas presentaciones del libro y reseñas, pero quisiera ver de primera mano lo que esta autora tiene que decir sobre el tema. También ando aprovechando algunos ratos libres para leer Why We Read Fiction: Theory of Mind and the Novel, de Liza Zunshine… al menos las páginas que Google Books me permita leer gratuitamente.

¿Alguna vez te has encariñado con un personaje ficticio? ¿Te han importado bajo las interrogantes que planteaba al principio del post? En mi caso, sigo sin superar a cierto personaje cuya muerte me ha dejado marcada por meses. Sigue siendo incómodo porque sí, sé que no son seres reales, pero es interesante ver que no se trata de un fenómeno único.

Seguiremos informando 😉

 

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Un comentario

  1. Yo empatizo demasiado con los personajes y, de hecho, estoy buscando dejar de hacerlo tanto porque hay historias en las que lo paso realmente mal (aquellas en las que existen triángulos amorosos) por implicarme en exceso con ellos.
    Quizá la lectura que has comentado, “Why do care about fictional characters?”, me ayude en algo.
    Saludos.

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