24. Kitchen

Las personas no pueden elegir lo que es mejor. Cada uno está hecho para vivir su propia vida. La felicidad es vivir sintiendo, lo menos posible, que el hombre, en realidad, está solo.


 

Hace dos o tres años tomé clase de Literatura en la universidad. En algún momento del curso tocó que diéramos revisión a la literatura japonesa, con un autor de bastante renombre que dejaré para otro post. Por lo que recuerdo, la mayor parte de mis compañeros y yo no estuvimos muy conformes con el libro porque la ambigüedad y ligereza en la pluma del escritor conformaron una historia demasiado difícil de comprender. No por perdernos en la secuencia o por no saber ‘de qué va el libro’. Acostumbrados a detalles concretos y cierta predictibilidad, leer un libro cargado de tantas sutilezas y espacios abiertos a la interpretación no fue muy satisfactorio para muchos de nosotros. ¿Por qué el escritor no había esclarecido todo, de pé a pá, para ayudar a sus pobres lectores?

Luego de esa experiencia con una muestra de la literatura japonesa, decidí darle el carpetazo y enfocarme en otros libros… al menos hasta que volvimos a un autor japonés en esa clase. “¿Dos libros japoneses en el mismo curso? ¡No otra vez!”  me decía para mis adentros. Este era otro autor (Nobel prize, no mencionado porque también será para otra ocasión) y conocer su biografía antes de leer el libro en turno fue revelador para comprender sus textos. A partir de leer ese libro, que terminó siendo de mis favoritos, me decidí a no rendirme con la literatura japonesa y volví a intentarlo con el autor previo. No me arrepiento y desde entonces he dado tumbos en mi recorrido para conocer más sobre la literatura de Japón… reservándome el derecho de no leer a Murakami hasta que no tenga un marco de referencia sólido sobre lo que escriben sus connacionales.

Esa historia es bastante inútil, pero puede servir para entender por qué compré Kitchen, de Banana Yoshimoto, en una de esas expediciones a ciegas a la librería. ¿Qué sabía del libro? Nada. ¿Y de la autora? Que existe y escribe libros. Sí, puedo ser toda una neófita sin proponérmelo. Pero en un impulso despilfarrador, de esos típicos problemas de estudihambres, lo compré y lo leí. Me quedé casi sin comer por esa semana, pero valió la pena. Ahora bien, ¿qué vamos a encontrar en la ópera prima de Yoshimoto?

Mikage Sakurai es una joven huérfana que fue criada por su abuela. Pero cuando la anciana muere, ella se queda sola en una casa demasiado grande para ella… al menos hasta que Yuichi, un amigo de la abuela, le sugiere que vaya a vivir a su casa, donde él su madre Eriko la acogerán con gusto. Poco a poco Yuichi y Mikage se van conociendo y desarrollando una relación más o menos fraternal, mientras que Eriko se divierte al haber “adoptado” a la inquilina.

La pérdida – y cómo afrontarla – pareciera ser el tema central de la historia, donde se yuxtaponen la tragedia, la amistad, el amor y mucha, mucha comida. El entorno en que se desenvuelven los protagonistas parece estar abrumado por la soledad, consumiéndose en sensaciones de soledad y aridez; por ello la resignificación de la cocina y de la comida son elementos recurrentes en la trama, como si éste fuera el único sitio donde la frialdad del mundo no puede invadir. Cocinar es el medio de Mikage para sostenerse en más de un sentido. Para comprender por qué, tendrán que darle un vistazo al libro.

[Tantas descripciones de comida y su preparación me recordaron un poco a Cómo agua para chocolate, de Laura Esquivel. Los temas de ambos libros son diferentes, pero no deja de ser interesante la similitud en la relación de las protagonistas con la cocina]

Es una lectura ligera, aunque no necesariamente simple. Puedo comprender a los personajes de Yuichi y Mikage, pero mi favorita es Eriko. Su franqueza y desenfreno son una contraposición casi sanadora ante el discurso de Mikage, que llega a ser monótono a veces. Eriko se convirtió en mi razón para releer Kitchen:

Escucha, Yuichi. Hay diferentes tipos de personas en este mundo, ¿verdad? A algunos me resulta difícil comprenderlos. Hay personas que viven en la sordidez más absoluta. Otras intentan llamar la atención de los demás haciendo a sabiendas lo que les repugna, hasta que se encuentran acorraladas. Yo no entiendo esta manera de proceder. Aunque sufran, no hay motivo para compadecerlas. Yo me arriesgo y vivo con alegría. Soy hermosa. Yo brillo.

[Citando más de la cuenta terminaré por hacer spoiler del libro; me preocupo por ustedes 😉 ]


 

En la edición de Tusquets también viene Moonlight shadow, un cuento en el que también veremos a la muerte y su aceptación mediante los ojos de Satsuki, una chica que acaba de perder a su novio Hitoshi, debido a un accidente automovilístico. En el fatídico acontecimiento también murió la novia de Shu, el hermano menor de Hitoshi. Así que el cuento va más o menos del mismo tono que Kitchen… pero tiene un giro sobrenatural que le dan un final cautivador. Quizás sea que el personaje de Mikage no me simpatizó mucho, pero sentí que las emociones a través de Satsuki eran más fluidas y auténticas. Por lo menos su sufrimiento por perder a un ser querido me resultó más plausible.

Por la noche, soñé con Hitoshi como de costumbre, y me desperté. Soñé que tenía fiebre e iba corriendo hasta el río. Hitoshi estaba allí. Al verme, se rió y dijo: “¿Qué haces aquí? Estás resfriada”.

Este era el peor sueño que podía tener. Cuando abrí los ojos ya estaba amaneciendo. Era la hora en que normalmente me levantaba y me vestía. Tenía frío. Sencillamente tenía frío. Sentía las manos y los pies cada vez más helados, a pesar de que todo mi cuerpo estaba ardiendo. Me recorrían escalofríos, tiritaba y me dolía todo el cuerpo. Temblando en la oscuridad con los ojos abiertos, sentía que estaba luchando contra algo terriblemente gigantesco. Y, por primera vez desde que nací, pensé con sentimiento que quizás sería vencida.

Si no le han dado la oportunidad a los escritores japoneses por razones como las que cité al principio del post, pueden tomar este libro para intentarlo de nuevo. En cualquier caso, lo recomendaría como una lectura ligera, de esas que se pueden llevar en el bolsillo para espacios de ocio imprevistos.

 

 

 

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3 comentarios

  1. Hola, recién descubriendo tu blog :), me encanta tu contenido, disfrute tu reseña, solo he leído un autor japónes, y concuerdo contigo los detalles y las múltiples interpretaciones. Había escuchado sobre Banana Yoshimoto y tú reseña me convenció de leerla, gracias por la recomendación, Un abrazo.

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