22. ¿Qué sucede en tu cabeza cuando lees?

¿Alguna vez se han preguntado sobre los efectos neurológicos de leer? Yo sí y luego de haber encontrado varios artículos al respecto, (así como una teoría donde se afirma que el ser humano evolucionó a partir de la escritura, muy controvertida y todo),  quiero compartir en el blog los estudios que encontré más interesantes. Por si andabas con el pendiente de cómo reaccionan tus neuronas ante la lectura.

Leer reduce el estrés tanto o más que otros medios.

Por lo visto, leer resulta útil para mantener la salud mental (o perderla al estilo del Quijote, como teme mi mamá que pase conmigo). En 2009, la Universidad de Sussex hizo un estudio en el que se mostró que media hora de lectura es más efectiva para reducir el estrés que otros métodos de relajación más tradicionales, como tomar té o escuchar música. De acuerdo a los resultados, la lectura redujo los niveles de estrés en un 68%. Nada mal.

Según los científicos a cargo del estudio, esto se debe parcialmente a una cuestión de escapismo, pero también de concentración: estar inmersos en un libro implica que el cuerpo está menos enfocado en sus propios músculos, relajándose en consecuencia.

Leer sobre experiencias es muy similar a vivirlas

¿Alguna vez te has sentido tan conectado a una historia que es casi como si la hubieras vivido realmente? Si es así, hay una razón: tu cerebro realmente cree que lo has experimentado. Cuando leemos, el cerebro no hace una distinción auténtica entre si estás leyendo una experiencia o si estás viviéndola: las mismas regiones de tu cerebro se activan, ya sea que lo leas o lo experimentes.

Leer diferentes estilos genera diferentes patrones en el cerebro

Cualquier tipo de lectura estimula tu cerebro, pero diferentes tipos de lecturas te darán experiencias diferentes con beneficios distintos. Investigadores de la Universidad de Stanford encontraron que enfocarte en close reading (leer con atención, buscando analizar e interpretar) hace que tu cerebro ejercite funciones cognitivas complejas, mientras que leer por gusto aumenta el flujo sanguíneo a diferentes áreas del cerebro. Concluyeron que leer una novela para estudio literario y reflexión sobre ella es un ejercicio eficiente para el cerebro, mucho más que simplemente leer por placer.

Las metáforas no son interpretadas metafóricamente en el cerebro (¿eh?)

Así como suena. Un estudio realizado por la Universidad Emory concluyó que de hecho las metáforas son más físicas de lo que creemos… por lo menos las que son sobre texturas. En el estudio compararon MRI scans de personas cuando oyeron metáforas que usaban textura (“She had a rough day”) y cuando escuchaban la misma oración sin la metáfora (“She had a bad day”). Al oir la metáfora de textura, la parte del cerebro que se activa cuando tocamos algo se encendió durante el escaneo. En verdad sentimos las metáforas que leemos.

La estructura narrativa impulsa a que el cerebro piense en secuencias, mejorando nuestra capacidad de atención.

Por lo general, las historias tienen un inicio, clímax y final, lo que es bueno para el cerebro. Con esta estructura, nuestros cerebros se ven forzados a pensar en secuencia, conectando causas y efectos. Mientras más leas, mejora la capacidad de tu cerebro para adaptarse a este orden de ideas.

Los especialistas en neurociencias toman este argumento para recomendar a los padres que lean a sus hijos tanto como sea posible. De esta manera, estarían inculcando estructuras narrativas en mentes jóvenes – que son mucho más flexibles -, así como la capacidad de atención.

Leer cambia la estructura del cerebro… para bien.

La gente que no está acostumbrada a leer puede no entender los placeres que da la literatura (“no le han dado el golpe a leer”, diría Gabriel Zaid), pero eso no les impide entrenarse para ser mejores lectores… y el cerebro cambia en consecuencia también. Durante un programa de lectura diaria por seis meses en la universidad Carnegie Mellon, los científicos descubrieron que aumentó el volumen de materia blanca en las áreas de lenguaje en el cerebro. Ah, qué bien. ¿Y luego?

Consideremos que la materia blanca se compone principalmente de células gliales y axones mielinizados que transmiten señales de una región del cerebro a otra y entre el cerebro y los centros cerebrales más bajos. Básicamente, la materia blanca regula muchos procesos de interconexión entre partes de nuestro cerebro y del sistema nervioso. No me extiendo más en este punto porque no recuerdo mucho de mis clases de Psicobiología (such a shame) pero en este artículo pueden ver por qué es importantísima para mantener al cerebro en forma. Les aseguro que si no son amantes de la lectura, van a querer serlo después de ver lo que ocurre cuando no hay suficiente materia blanca dentro de nuestros cráneos.

Leer nos hace más empáticos

Es increíble perdernos entre las páginas de los libros, pero eso no sólo tiene implicaciones emocionales entre el personaje y tú. Cuando leemos viajamos a los estados emocionales de los demás y por tanto, desarrollamos la habilidad de intuir las emociones de los otros. Nos volvemos más empáticos con la gente en la vida real y estamos más conscientes y alertas de las emociones de los demás.

Si bien se comprobó una correlación entre leer ficción y empatía, se encontró también que ésta es más fuerte si se leen clásicos y no los bestsellers de siempre. Ejemplo somero: alguien que lee a Dostoievsky podría tener mayor empatía que algún seguidor de Stephanie Meyer, pues entendería con mayor claridad la sutileza emocional de la literatura más “elaborada”. Ojo, que sé que es correlación y no causalidad, de ahí que puse todo en pospretérito.  


 

Mientras leía sobre empatía y lectura, no pude evitar pensar sobre el impacto de los personajes ficticios en la psique y sobre el por qué pueden llegar a ser importantes para nosotros. Me encuentro revisando sobre el tema y hay mucho que contar. Pero – plagiando a Ende – esa es otra historia y será contada en otra ocasión.

Saludos, lectores 🙂

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