21. ¿No juzgar a un libro por su portada?

Este es un dicho popular bastante extendido. “No juzgues a un libro por su portada”, te dicen, lo que equivale más o menos a decir que no te dejes llevar por las apariencias. Pero cuando hablamos de libros, ¿qué tan frecuente es que juzguemos antes de leer nada? El refrán se vuelve tristemente irónico cuando a los libros sí se les discrimina por apariencias.

Un libro es automáticamente catalogado como “bueno” o “malo” en función de muchos factores como su extensión, la editorial que lo publicó, el prestigio del autor o incluso la portada (sí, lo he escuchado). Basta asomarse a las eternas batallas de la gente por Internet para darnos cuenta de eso. Entre las personas con pretensiones esnobistas y los que están cerrados a la lectura exclusiva de YA podemos encontrar todo tipo de argumentos para decir que el Libro Tal es la revelación de nuestro tiempo o un desperdicio de papel. Podría apostar que ni la mitad de las personas envueltas en esas discusiones han leído el libro por el que se desgarran las vestiduras, pero se basan en meras apariencias.

Es muy común que los argumentos para descalificar un libro terminen siendo magister dixit: el libro es bueno o es malo porque lo dice Fulano de Tal, o lo respalda la Academia Cual, o la mayoría lo afirma. No tenemos más que asomarnos a alguna contraportada de un autor famoso para ver sus credenciales: Premio Nobel del año ####, Tantos números de copias vendidas o mi favorita, la calificación por estrellitas con alguna frase tipo “Lo nunca visto. Los libros vuelan de las librerías” por el Wall Street Journal. Si seguimos por ese camino mañana México será mejor que ayer nos arriesgamos a perdernos de lecturas que podrían ser de valor para nosotros… Incluso para forjarnos un criterio más claro de lo que no nos gusta leer.

¿Y entonces?

Reconozco que yo no suelo comprar libros a menos que ya los haya leído o que tenga buenas opiniones de ellos. Los regalos que recibí en este mes son una excepción valiosa a mis premisas para elegir libros, pero no son la constante. Por eso quiero lanzarme a lo desconocido para la próxima vez y tomar un libro del que no tenga referencias. Quizás la sinopsis pero poco más que eso. A veces las mejores (y las peores) experiencias surgen de enfrentarnos al azar.

Una propuesta interesante que he visto en librerías (y no he tenido oportunidad de fotografiar… ni de participar) es la de la cita a ciegas con un libro. Lo forran y dejan alguna palabra clave escrita en él. De esa manera, eliges al libro estrictamente por su tema y no por las falacias de autoridad que haya a su alrededor. Me pareció interesante pero, siendo muy mal pensada, supuse que la librería donde vi esto se estaba deshaciendo de libros que la gente no quiso ni regalados. No me atreví a ese salto de fe.

¿Y ustedes, lectores? ¿Cuántas veces han juzgado al libro por su portada?

 

 

 

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