Cuentos de amor de locura y de muerte

¿Qué mayor dicha para dos enamorados que esa honrada consagración de un cariño, libertado ya del vil egoísmo de un mutuo amor sin fin ninguno y, lo que es peor para el amor mismo, sin esperanzas posibles de renovación?

En La gallina degollada

Ha llegado el tiempo del segundo libro en el blog. Para mantenernos en el ámbito lúgubre y tétrico que propicia la temporada, decidí traer la obra más conocida de Horacio Quiroga para mis – sin duda involuntarios – lectores. La narrativa latinoamericana tiene mucha tela de donde cortar cuando se trata de ahondar en los obscuros abismos que esconde la mentalidad humana.

En Cuentos de amor de locura y de muerte (1917), Quiroga demuestra su maestría para conseguir dejarnos con escalofríos en la nuca. Los relatos que se compilaron para tal volumen exploran una faceta de la existencia en la que el control y la mesura no tienen cabida. Los sentimientos que se tienen como algo seguro y confortable se convierten en el reflejo más crudo de la locura y la presencia humana no es significativa ante el entorno que le rodea. Podríamos rebelarnos contra los mecanismos de la vida, pero pareciera que para Quiroga el destino es infranqueable.

Podemos comprender tal visión sombría del mundo si consideramos que la vida del autor urugayo estuvo marcada por el infortunio: presenció el sucidio de su padrastro, sus hermanos perecieron por tifoidea y mató a su mejor amigo por accidente. Años después, su esposa se quitó la vida y él tuvo que mudarse con sus dos hijos a un sótano en Buenos Aires, consumido por la pobreza.

Para finales de la década de los 20, Quiroga ya se había enamorado de una adolescente y ante la imposibilidad de consumar un matrimonio (sus padres lo impidieron), escribió una novela inspirada en sus intentos fallidos por cortejarla. No obstante, su corazón sanó pronto y se casó al poco tiempo con una compañera de escuela de su hija. Consumido por los celos, se retira por última vez a la vida rural sin saber que al poco tiempo sería diagnosticado con una enfermedad prostática. Su familia lo abandona para volver a Buenos Aires y Quiroga, consumido por el desgaste físico y moral, decide suicidarse ingiriendo cianuro en febrero de 1937.


En los 18 cuentos comprendidos en el libro, tendremos la oportunidad de estremecernos con historias trágicas contadas con una claridad abrumadora. Cuentos como El almohadón de plumas La gallina degollada  – que son los más reconocidos y probablemente difundidos – nos conducen al horror bajo premisas de plausibilidad. Personalmente, me entiendo más con historias en las que lo paranormal queda fuera porque sé que es improbable corroborar algo similar. Después de leer este libro me quedé contenta de que mis almohadas fueran de modesta esponja comercial… Por otra parte, La gallina degollada nos enfrenta con crudeza a los conceptos del instinto y la abnegación maternales; ese tipo de confrontaciones que disfruto mucho.

En otros cuentos, como El alambre de púaYaguai, los animales toman un rol protagónico y demuestran una capacidad racional que se ve opacada ante la perversidad (¿o practicidad?) humana. Pero Quiroga no aborda estas historias desde una perspectiva bélica entre especies, sino que utiliza ampliamente a sus personajes del reino animal para reforzar puntos y establecer críticas de la condición humana.

Sin embargo, mi cuento favorito de este libro es El solitario, donde se muestra que el amor y la locura pueden difuminarse paulatinamente conforme avanzan las interacciones patológicas. Un joyero, quien trabaja dando todo de sí para complacer a su esposa, empieza a fastidiarse ante las codiciosas imprudencias de su mujer… Y el resto tendrán que leerlo. De otra forma arruinaría el cuento haciendo hincapié en la puntada de su título.

Siendo un libro tan breve y de dominio público, no será difícil encontrarlo. Está disponible en Wikisource, si gustan de leer en línea.

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